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miércoles, 19 de julio de 2017

Fervor de Buenos Aires (1923)

Amanecer (40-41)

En la honda noche universal
que apenas contradicen los faroles
una racha perdida
ha ofendido las calles taciturnas
como presentimiento tembloroso
del amanecer horrible que ronda
los arrabales desmantelados del mundo.
Curioso de la sombra
y acobardado por la amenaza del alba
reviví la tremenda conjetura
de Schopenhauer y de Berkeley
que declara que el mundo
es una actividad de la mente,
un sueño de las almas,
sin base ni propósito ni volumen.
Y ya que las ideas
no son eternas como el mármol
sino inmortales como un bosque o un río,
la doctrina anterior
asumió otra forma en el alba
y la superstición de esa hora
cuando la luz como una enredadera
va a implicar las paredes de la sombra,
doblegó mi razón
y trazó el capricho siguiente:
Si están ajenas de sustancia las cosas
y si esta numerosa Buenos Aires
no es más que un sueño
que erigen en compartida magia las almas,
hay un instante
en que peligra desaforadamente su ser
y es el instante estremecido del alba,
cuando son pocos los que sueñan el mundo
y sólo algunos trasnochadores conservan,
cenicienta y apenas bosquejada,
la imagen de las calles
que definirán después con los otros.
¡Hora en que el sueño pertinaz de la vida
corre peligro de quebranto,
hora en que le sería fácil a Dios
matar del todo Su obra!


Pero de nuevo el mundo se ha salvado.
La luz discurre inventando sucios colores
y con algún remordimiento
de mi complicidad en el resurgimiento del día
solicito mi casa,
atónita y glacial en la luz blanca,
mientras un pájaro detiene el silencio
y la noche gastada
se ha quedado en los ojos de los ciegos.

Luna de enfrente (1925)

Amorosa anticipación (67)

Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña,
ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios
serán favor tan misterioso
como mirar tu sueño implicado
en la vigilia de mis brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige,
me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes.
Arrojado a quietud,
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré por vez primera, quizá,
como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo,
sin el amor, sin mí.


Mi vida entera (77)

Aquí otra vez, los labios memorables, único y semejante a vosotros.
He persistido en la aproximación de la dicha y en la intimidad de la pena.
He atravesado el mar. He conocido muchas tierras; he visto una mujer y dos o tres hombres.
He querido a una niña altiva y blanca y de una hispánica quietud.
He visto un arrabal infinito donde se cumple una insaciada inmortalidad de ponientes.
He paladeado numerosas palabras.
Creo profundamente que eso es todo y que ni veré ni ejecutaré cosas nuevas.
Creo que mis jornadas y mis noches se igualan en pobreza y en riqueza a las de Dios y a las de todos los hombres.

Versos de catorce (79)


A mi ciudad de patios cóncavos como cántaros
y de calles que surcan las leguas como un vuelo,
a mi ciudad de esquinas con aureola de ocaso
y arrabales azules, hechos de firmamento,

a mi ciudad que se abre clara como una pampa,
yo volví de las viejas tierras antiguas del Occidente
y recobré sus casas y la luz de sus casas
y la trasnochadora luz de los almacenes

y supe en las orillas, del querer, que es de todos
y a punta de poniente desangré el pecho en salmos
y canté la aceptada costumbre de estar solo
y el retazo de pampa colorada de un patio.

Dije las calesitas, noria de los domingos,
y el paredón que agrieta la sombra de un paraíso,
y el destino que acecha tácito, en el cuchillo,
y la noche olorosa como un mate curado.

Yo presentí la entraña de la voz las orillas,
palabra que en la tierra pone el azar del agua
y que da a las afueras su aventura infinita
y a los vagos campitos un sentido de playa.

Así voy devolviéndole a Dios unos centavos
del caudal infinito que me pone en las manos.


El hacedor (1960)

Poema de los dones (111-112)

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
 
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
 
las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.
 
De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.
 
Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
 
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
 
Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.
 
Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.
 
¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?
 
Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.


Ajedrez (116)

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?

Los espejos (117-118)


Yo que sentí el horror de los espejos
no sólo ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos

sino ante el agua especular que imita
el otro azul en su profundo cielo
que a veces raya el ilusorio vuelo
del ave inversa o que un temblor agita

y ante la superficie silenciosa
del ébano sutil cuya tersura
repite como un sueño la blancura
de un vago mármol o una vaga rosa,

hoy, al cabo de tantos y perplejos
años de errar bajo la varia luna,
me pregunto qué azar de la fortuna
hizo que yo temiera los espejos.

Espejos de metal, enmascarado
espejo de caoba que en la bruma
de su rojo crepúsculo disfuma
ese rostro que mira y es mirado,

infinitos los veo, elementales
ejecutores de un antiguo pacto,
multiplicar el mundo como el acto
generativo, insomnes y fatales.

Prolonga este vano mundo incierto
en su vertiginosa telaraña;
a veces en la tarde los empaña
el hálito de un hombre que no ha muerto.

Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro
paredes de la alcoba hay un espejo,
ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo
que arma en el alba un sigiloso teatro.

Todo acontece y nada se recuerda
en esos gabinetes cristalinos
donde, como fantásticos rabinos,
leemos los libros de derecha a izquierda.

Claudio, rey de una tarde, rey soñado,
no sintió que era un sueño hasta aquel día
en que un actor mimó su felonía
con arte silencioso, en un tablado.

Que haya sueños es raro, que haya espejos,
que el usual y gastado repertorio
de cada día incluya el ilusorio
orbe profundo que urden los reflejos.

Dios (he dado en pensar) pone un empeño
en toda esa inasible arquitectura
que edifica la luz con la tersura
del cristal y la sombra con el sueño.


Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso no alarman.



IN MEMORIAM A. R. (133-135)

El vago azar o las precisas leyes
Que rigen este sueño, el universo,
Me permitieron compartir un terso
trecho del curso con Alfonso Reyes.

Supo bien aquel arte que ninguno
Supo del todo, ni Simbad ni Ulises,
que es pasar de un país a otros países
y estar íntegramente en cada uno.

Si la memoria le clavó su flecha
alguna vez, labró con el violento
metal del arma el numeroso y lento
Alejandrino o la afligida endecha.

En los trabajos lo asistió la humana
Esperanza y fue lumbre de su vida
Dar con el verso que ya no se olvida
y renovar la prosa castellana.

Más allá del Myo Cid de paso tardo
y de la grey que aspira a ser oscura,
rastreaba la fugaz literatura
hasta los arrabales del lunfardo.

En los cinco jardines del Marino
se demoró, pero algo en él había
inmortal y esencial que prefería
el arduo estudio y el deber divino.

Prefirió, mejor dicho, los jardines
de la meditación, donde Porfirio
erigió ante las sombras y el delirio
el Árbol del Principio y de los Fines.

Reyes, la indescifrable Providencia
que administra lo pródigo y lo parco
nos dio a los unos el sector o el arco,
pero a ti la total circunferencia.

Lo dichoso buscabas o lo triste
que ocultan frontispicios y renombres:
como el Dios del Erígena, quisiste
ser nadie para ser todos los hombres.

Vastos y delicados esplendores
logró tu estilo, esa precisa rosa,
y a las guerras de Dios tornó gozosa
la sangre militar de tus mayores.

¿Dónde estará (pregunto) el mexicano?
¿Contemplará con el horror de Edipo
ante la extraña Esfinge, el Arquetipo
inmóvil de la Cara o de la Mano?

¿O errará, como Swedenborg quería,
por un orbe más vívido y complejo
que el terrenal, que apenas es reflejo
de aquella alta y celeste algarabía?

Si (como los imperios de la laca
y del ébano enseñan) la memoria
labra su íntimo Edén, ya hay en la gloria
otro México y otra Cuernavaca.

Sabe Dios los colores que la suerte
propone al hombre más allá del día;
yo ando por estas calles. Todavía
muy poco se me alcanza de la muerte.


Sólo una cosa sé. Que Alfonso Reyes
(dondequiera que el mar lo haya arrojado)
 se aplicará dichoso y desvelado
 al otro enigma y a las otras leyes.

Al impar tributemos, al diverso
Las palmas y el clamor de la victoria;
 no profane mi lágrima este verso
 que nuestro amor inscribe a su memoria.


Oda Compuesta en 1960 (139-140)
El claro azar o las secretas leyes
que rigen este sueño, mi destino,
quieren, oh necesaria y dulce patria
que no sin gloria y sin oprobio abarcas
ciento cincuenta laboriosos años,
que yo, la gota, hable contigo, el río,
que yo, el instante, hable contigo, el tiempo,
y que el íntimo diálogo recurra,
como es de uso, a los ritos y a la sombra
que aman los dioses y al pudor del verso.

Patria, yo te he sentido en los ruinosos
ocasos de los vastos arrabales
y en esa flor de cardo que el pampero
trae al zaguán y en la paciente lluvia
y en las lentas costumbres de los astros
y en la mano que templa una guitarra
y en la gravitación de la llanura
que desde lejos nuestra sangre siente
como el britano el mar y en los piadosos
símbolos y jarrones de una bóveda
y en el rendido amor de los jazmines
y en la plata de un marco y en el suave
roce de la caoba silenciosa
y en sabores de carnes y de frutas
y en la bandera casi azul y blanca
de un cuartel y en historias desganadas
de cuchillo y de esquina y en las tardes
iguales que se apagan y nos dejan
y en la vaga memoria complacida
de patios con esclavos que llevaban
el nombre de sus amos y en las pobres
hojas de aquellos libros para ciegos
que el fuego dispersó y en la caída
de las épicas lluvias de setiembre
que nadie olvidará, pero estas cosas
son apenas tus modos y tus símbolos.

Eres más que tu largo territorio
y que los días de tu largo tiempo,
eres más que la suma inconcebible
de tus generaciones. No sabemos
cómo eres para Dios en el viviente
seno de los eternos arquetipos,

pero por ese rostro vislumbrado
vivimos y morimos y anhelamos,
oh inseparable y misteriosa patria.


El otro, el mismo (1964)

Del infierno y del cielo (173-174)


El infierno de Dios no necesita
el esplendor del fuego. Cuando el Juicio
Universal retumbe en las trompetas
y la tierra publique sus entrañas
y resurjan del polvo las naciones
para acatar la Boca inapelable,
los ojos no verán los nueve círculos
de la montaña inversa; ni la pálida
pradera de perennes asfodelos
donde la sombra del arquero sigue
la sombra de la corza, eternamente;
ni la loba de fuego que en el ínfimo
piso de los infiernos musulmanes
es anterior a Adán y a los castigos;
ni violentos metales, ni siquiera
la visible tiniebla de Juan Milton.
No oprimirá un odiado laberinto
de triple hierro y fuego doloroso
las atónitas almas de los réprobos.

Tampoco el fondo de los años guarda
un remoto jardín. Dios no requiere
para alegrar los méritos del justo,
orbes de luz, concéntricas teorías
de tronos, potestades, querubines,
ni el espejo ilusorio de la música
ni las profundidades de la rosa
ni el esplendor aciago de uno solo
de Sus tigres, ni la delicadeza
de un ocaso amarillo en el desierto
ni el antiguo, natal sabor del agua.
En Su misericordia no hay jardines
ni luz de una esperanza o de un recuerdo.

En el cristal de un sueño he vislumbrado
el Cielo y el Infierno prometidos:
cuando el Juicio retumbe en las trompetas
últimas y el planeta milenario
sea obliterado y bruscamente cesen
¡oh Tiempo! tus efímeras pirámides,
los colores y líneas del pasado
definirán en la tiniebla un rostro
durmiente, inmóvil, fiel, inalterable
(tal vez el de la amada, quizá el tuyo)
y la contemplación de ese inmediato
rostro incesante, intacto, incorruptible,
será para los réprobos, Infierno;
para los elegidos, Paraíso.

viernes, 14 de julio de 2017

Amar es regalar nuestras preferencias a los que preferimos

Daniel Pennac, Como una novela, Anagrama, Barcelona, 1993.

p. 19: ¡Qué pedagogos éramos cuando no estábamos preocupados por la pedagogía!
p. 24: La lectura es un acto de creación permanente.
p. 31:Una de las funciones esenciales del cuento, y, más ampliamente, del arte en general, que consiste en imponer una tregua al combate de los hombres.
p. 32: La gratuidad, que es la única moneda del arte.
p. 84: Amar, a fin de cuentas, es regalar nuestras preferencias a los que preferimos. Y estos repartos pueblan la invisible ciudadela de nuestra libertad. Estamos habitados por libros y por amigos.
 p. 92: No somos los emisarios del libro sino los custodios jurados de un templo cuyas maravillas proclamamos con unas palabras que cierran sus puertas: “¡Hay que leer! ¡Hay que leer!”
p. 93: Hay que leer: es una petición de principio para unos oídos adolescentes. Por brillantes que sean nuestras argumentaciones…, sólo es una petición de principio.
Aquellos de nuestros alumnos que hayan descubierto el libro por otros canales seguirán lisa y llanamente leyendo. Los más curiosos guiarán sus lecturas por los faros de nuestras explicaciones más luminosas.
Entre los “que no leen”, los más listos sabrán aprender, como nosotros, a hablar de ello, sobresaldrán en el arte inflacionista del comentario (leo diez líneas, escribo diez páginas),  la práctica jíbara de la ficha (recorro 400 páginas, las reduzco a cinco). la pesca de la cita juiciosa (en esos manuales de cultura congelada de que disponen todos los mercaderes del éxito), sabrán manejar el escalpelo del análisis lineal y se harán expertos en el sabio cabotaje entre los “fragmentos selectos”, que lleva con toda seguridad al bachillerato, a la licenciatura, casi a la oposición... pero no necesariamente al amor al libro.
Quedan los otros alumnos.
Los que no leen y se sienten muy pronto aterrorizados por las irradiaciones el sentido. Los que se creen tontos…


miércoles, 12 de julio de 2017

"Toda moda es ridícula bajo algún aspecto" (Bergson)

Fuente

Enrique Bergson, La risa, Prometeo, Valencia.

p. 35: Podríamos decir que toda moda es ridícula bajo algún aspecto. Sólo que, cuando se trata de la moda actual, nos acostumbramos a ella hasta tal punto, que nos parece que el traje forma parte del cuerpo.


p. 38-39: Hay, pues, una lógica de la imaginación, que no es la lógica de la razón, que hasta suele estar en pugna con ella, y con la cual será menester que cuente la filosofía, no sólo para el estudio de lo cómico, sino en todas las investigaciones de este orden. Es algo así como la lógica del sueño, pero de un sueño no abandonado al capricho de la fantasía individual, sino soñado por la sociedad entera. Para reconstituir esa lógica, sería menester un esfuerzo particularísimo, que levantase la corteza de juicios bien amasados y de ideas bien sentadas, a fin de poder advertir, manando en el fondo de uno mismo a manera de raudal subterráneo, una fluida continuidad de imágenes perfectamente enlazadas, penetrando las unas en las otras. Esta interpretación de las imágenes no se opera al acaso. Obedece a leyes, o más bien a hábitos, que son a la imaginación lo que la lógica al pensamiento.
Sigamos, pues, esa lógica de la imaginación en el caso que nos ocupa. Un hombre que se disfraza es una figura cómica. También lo es un hombre que parece haberse disfrazado. Por extensión, será cómico todo disfraz, no sólo del hombre, sino también de la sociedad y hasta de la misma Naturaleza.

p. 43-44: Un filósofo contemporáneo, argumentador impenitente, al cual se le hacía ver que sus razonamientos, irreprochablemente deducidos, tenían en contra suya la experiencia, puso fin a la discusión con esta simple frase: «La experiencia yerra»; y es que la idea de reglamentar administrativamente la vida se halla más extendida de lo que parece, y es natural a su modo, aunque para llegar a ella hayamos tenido que emplear un procedimiento artificial de recomposición. Podríamos decir que en ella se contiene la quintaesencia del pedantismo, que no es otra cosa en el fondo que el arte aspirando a imponerse a la Naturaleza.
En resumen: el mismo efecto va haciéndose cada vez más sutil, empezando por la idea de una mecanización artificial del cuerpo humano, si cabe la expresión, hasta parar en la de una sustitución cualquiera de lo natural por lo artificioso. Una lógica cada vez menos ceñida, cada vez más semejante a la lógica de los sueños, transporta la misma relación a esferas cada vez más elevadas, entre términos más inmateriales cada vez, pues todo reglamento administrativo concluye por ser, respecto a una ley material o moral, lo que es, por ejemplo, con respecto al cuerpo que vive, un traje hecho de antemano.

p. 46: El tímido podría dar la impresión de una persona a la que estorba el cuerpo y busca a su alrededor un sitio donde depositarlo.     

p. 46-47: Por eso el poeta trágico procura evitar cuanto pudiera atraer nuestra atención sobre la materialidad de sus héroes. Tan pronto como interviene la preocupación del cuerpo, es de temer una infiltración cómica. He aquí por qué los héroes de tragedia no beben ni comen, ni se calientan a la lumbre. Y hasta rehúyen sentarse. Sentarse a la mitad de una tirada de versos equivaldría a recordar que se tiene cuerpo. Napoleón, que era psicólogo a ratos, había observado que por el solo hecho de sentarse se pasa de la tragedia a la comedia. He aquí cómo se expresa sobre este particular en el Diario inédito del barón Gourgaud. Se trata de una entrevista con la reina de Prusia, después de Jena: «Ella, como Jimena, me acogió con trágicos acentos: "¡Señor, justicia!, ¡justicia!, ¡Magdeburgo!" Y continuó así, en un tono que me desconcertaba. Por último, para hacerle cambiar de estilo, le rogué que se sentase. No hay cosa mejor para cortar una escena trágica; cuando se está sentado todo degenera en comedia.»

viernes, 7 de julio de 2017

la imagen de las cosas exteriores no podía grabarse en su mente.

Uno de los hombres más grandes de la Edad Media, el maestro Juan Tauler, cuenta la historia de un ermitaño a quien un visitante inoportuno pidió un objeto que estaba en su celda. El ermitaño tuvo que entrar a buscar el objeto. Pero al entrar olvidó cuál era, pues la imagen de las cosas exteriores no podía grabarse en su mente. Salió pues y rogó al visitante le repitiera lo que deseaba. Este renovó el pedido. El solitario volvió a entrar, pero antes de tomar el objeto, ya había olvidado cuál era. Después de muchas tentativas, se vio obligado a decir al importuno.

—Entre y busque usted mismo lo que desea, pues yo no puedo conservar su imagen lo bastante para hacer lo que me pide.


Leon Bloy, Cuentos descorteses, Ediciones Siruela, Madrid, 1987.

sábado, 17 de junio de 2017

Unamuno: "Los filósofos forman serie y uno desaparece mientras aparece otro, destruyendo éste lo que aquél edificó"


Los filósofos forman serie y uno desaparece mientras aparece otro, destruyendo éste lo que aquél edificó. Y se suceden solos.

La Iglesia es desarrollo permanente, en ella viven todos los santos y todos los doctores, y cada nuevo miembro va a añadirse a los precedentes. Y a sus pensadores, y sus poetas y sus santos se une la muchedumbre que ora y ama en silencio. Las especulaciones que el amor arranca a aquellos de sus hijos que hacen gloria de la fe, se elevan sobre la nube de la oración común de los humildes.

Por debajo de las palabras inflamadas de cada uno de sus doctores palpitan lágrimas de humildes, abnegaciones de sencillos, afectos del pueblo.

En la religión se unifican la ciencia, la poesía y la acción.

Es un hecho, un gran hecho, un hecho asombroso el de la vida de la Iglesia. Desafiando a la mera razón discursiva atraviesa las edades, y el absurdo vive, y sobrenada, y lo que es más, vivifica las vidas de los humildes.





jueves, 8 de junio de 2017

Oración previa a navegar por internet

Oratio ante colligationem
Prayer Before Connecting to the Internet




The prayer below was composed by Fr. John T. Zuhlsdorf in Barcelona Spain at the Observation Service for Internet in 2002, where it was proposed that St. Isidore of Seville (560-636) be named as the Patron Saint of the Internet. The OSI felt that St. Isidore is a logical choice since he wrote Etymologies, which is a sort of dictionary and database.This prayer has gotten around the web quite a bit, unfortunately without any attribution in most cases. The author, Fr. John T. Zuhlsdorf, noticed it on my web site and was kind enough to let me know he had composed it back when St. Isidore was first proposed as the patron of the Internet.
Contrary to some press reports that have been circulating, nothing formal has been issued from the Vatican. Several other saints have been proposed by other groups as well.
OMNIPOTENS aeterne Deus, qui nos secundum imaginem Tuam plasmasti, et omnia bona, vera, pulchra, praesertim in divina persona Unigeniti Filii Tui Domini nostri Iesu Christi, quaerere iussisti, praesta quaesumus ut, per intercessionem Sancti Isidori, Episcopi et Doctoris, in peregrinationibus per interrete factis et manus oculosque ad quae Tibi sunt placita intendamus et omnes quos convenimus cum caritate ac patientia accipiamus.ALMIGHTY and eternal God, who hast created us in Thy image and bade us to seek after all that is good, true and beautiful, especially in the divine person of Thy only-begotten Son, our Lord Jesus Christ, grant we beseech Thee that, through the intercession of Saint Isidore, bishop and doctor, during our journeys through the internet, we will direct our hands and eyes only to that which is pleasing to Thee and treat with charity and patience all those souls whom we encounter.
Per Christum Dominum nostrum. Amen.Through Christ our Lord. Amen.
Fuente

domingo, 28 de mayo de 2017

«cipreses terrenales que suprimen todo deseo de descansar a la sombra de los árboles del paraíso»

A fines del siglo XVlli un indio musulmán de aguda inteligencia, Mirza Abü Taleb Khan, visitó Inglaterra y a su regreso escribió, en persa, un libro en que relata sus impresiones. Entre las cosas que más le sorprendieron —al lado de los adelantos mecánicos, el estado de las ciencias, el arte de la conversación y la ligereza de las muchachas inglesas, a las que llama «cipreses terrenales que suprimen todo deseo de descansar a la sombra de los árboles del paraíso»— se encuentra la noción de progreso: «los ingleses tienen opiniones muy extrañas acerca de lo que es la perfección. Insisten en que es una cualidad ideal y que se funda enteramente en la comparación; dicen que la humanidad se ha levantado gradualmente del estado de salvajismo a la exaltada dignidad del filósofo Newton pero que, lejos de haber alcanzado la perfección, es posible que en edades futuras, los filósofos vean los descubrimientos de Newton con el mismo desdén con que ahora vemos el rústico estado de las artes entre los salvajes». Para Abü Taleb nuestra perfección es ideal y relativa: no tiene ni tendrá realidad y siempre será insuficiente, incompleta. Nuestra perfección no es lo que es, sino lo que será. Los antiguos veían con temor al futuro y repetían vanas fórmulas para conjurarlo; nosotros daríamos la vida por conocer su rostro radiante —un rostro que nunca veremos.
Octavio Paz en Los hombres del limo.



sábado, 29 de abril de 2017

"No pueden las ideas brotar de los puños"


Antonio Machado, Obras completas, II, RBA - Instituto Cervantes, Barcelona, 2006.

 
 
p. 1600-1601: 1918.
 
La fraternidad es un amor casto que no puede aparecer sino cuando el hombre es capaz de superar el ciego impulso de la generación.
(...)
Porque el cainismo perdura, a pesar del Cristo; pasa del individuo a la familia, a la casta, a la clase, y hoy lo vemos extendido a las naciones.
(...)
Me parece, más bien, la fraternidad el amor al prójimo por amor al padre común. Mi hermano no es una creación mía ni trozo alguno de mí mismo; para amarlo he de poner mi amor en él y no en mí; él es igual a mí, pero es otro que yo, la semejanza no proviene de nosotros sino del padre que nos engendró. Yo no tengo derecho a convertir a mi prójimo en un espejo para verme y adorarme a mí mismo, este narcisismo es anticristiano: mi hermano es un espejo, es una
realidad tan plena como la mía, pero que no soy yo y a la cual debo amar con
olvido de mí mismo.


p. 1602: ¡Guerra a Caín y viva el Cristo!

p. 1603: «Cierto que la guerra no ha creado ideas nuevas –no pueden las ideas brotar de los puños–; pero ¿quién duda de que el árbol humano comienza a renovarse por la raíz, y de que una nueva oleada de vida camina hacia la luz, hacia la conciencia?»
 


sábado, 8 de abril de 2017

La misión del poeta sería restituir a la palabra, siquiera de un modo parcial, su primitiva y ahora oculta virtud.

La rosa profunda: Prólogo


La doctrina romántica de una Musa que inspira a los poetas fue la que profesaron los clásicos; la doctrina clásica del poema como una operación de la inteligencia fue enunciada por un romántico, Poe, hacia 1846. El hecho es paradójico. Fuera de unos casos aislados de inspiración onírica –el sueño del pastor que refiere Beda, el ilustre sueño de Coleridge‑, es evidente que ambas doctrinas tienen su parte de verdad, salvo que corresponden a distintas etapas del proceso. (Por Musa debemos entender lo que los hebreos y Milton llamaron el Espíritu y lo que nuestra triste mitología llama lo Subconsciente. En lo que me concierne, el proceso es más o menos invariable. Empiezo por divisar una forma, una suerte de isla remota, que será después un relato o una poesía. Veo el fin y veo el principio, no lo que se halla entre los dos. Esto gradualmente me es revelado, cuando los astros o el azar son propicios. Más de una vez tengo que desandar el camino por la zona de sombra. Trato de intervenir lo menos posible en la evolución de la obra. No quiero que la tuerzan mis opiniones, que, sin duda, son baladíes. El concepto de arte comprometido es una ingenuidad, porque nadie sabe del todo lo que ejecuta. Un escritor, admitió Kipling, puede concebir una fábula, pero no penetrar su moraleja. Debe ser leal a su imaginación, y no a las meras circunstancias efímeras de una supuesta “realidad”.
La literatura parte del verso y puede tardar siglos en discernir la posiblidad de la prosa. Al cabo de cuatrocientos años, los anglosajones dejaron una poesía no pocas veces admirable y una prosa apenas explícita. La palabra habría sido en el principio un símbolo mágico, que la usura del tiempo desgastaría. La misión del poeta sería restituir a la palabra, siquiera de un modo parcial, su primitiva y ahora oculta virtud. Dos deberes tendría todo verso: comunicar un hecho preciso y tocarnos físicamente, como la cercanía del mar. He aquí un ejemplo de Virgilio: 
  
Tendebanque manus ripae ulterioris amore 
  
Uno de Meredith: 
  
Not till the fire is dying in the grate 
Look we for any kinship with the stars.
 
  
O este alejandrino de Lugones, cuyo español quiere regresar al latín: 
  
El hombre numeroso de penas y de días. 
  
Tales versos prosiguen en la memoria su cambiante camino. Al término de tantos –y demasiados– años de ejercicio de la literatura, no profeso una estética. ¿A qué agregar a los límites naturales que nos impone el hábito los de una teoría cualquiera? Las teorías, como las convicciones de orden político o religioso, no son otra cosa que estímulos. Varían para cada escritor. Whitman tuvo razón al negar la rima; esa negación hubiera sido una insensatez en el caso de Hugo.
Al recorrer las pruebas de este libro, advirtieron con algún desagrado que la ceguera ocupa un lugar plañidero que no ocupa en mi vida. La ceguera es una clausura, pero también es una liberación, una soledad propicia a las invenciones, una llave y un álgebra. 
  
J.L.B. 
  
Buenos Aires, junio de 1975.


sábado, 1 de abril de 2017

LA POESÍA DE ÁNGEL RUPÉREZ: LA EMOCIÓN RECORDADA

UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS
                                                        ICAI-ICADE
UNIVERSIDAD DE MAYORES
  
JORNADA DE POESÍA EN LA UNIVERSIDAD DE MAYORES:
LA POESÍA DE ÁNGEL RUPÉREZ: LA EMOCIÓN RECORDADA

 PROGRAMA:                     

20:00 h. Inauguración oficial de la JORNADA DE POESÍA:
Ana García-Mina Freire. Vicerrectora de Servicios a la Comunidad Universitaria y Estudiantes de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.
Presentación:
María del Carmen Ruiz de la Cierva. Profesora Titular de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada.

20:10 h. Ponencia:
“La poesía de Ángel Rupérez ¿A quién pregunta el poeta?”
Tomás Albaladejo. Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Universidad Autónoma de Madrid.

20:35 h. Lectura poética:
“LO MEJOR DE MÍ (lectura de poemas 1983-2017)”.
Ángel Rupérez. Poeta. Profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Universidad Complutense de Madrid.

21:20 h. Coloquio

Clausura oficial de la JORNADA DE POESÍA:    
Angelo Valastro Canale. Director de la Universidad de Mayores. Universidad Pontificia Comillas de Madrid.


 RESEÑA
Ángel Rupérez (Burgos, 1953) es un poeta, crítico y traductor español, doctor en Filosofía y Letras y profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Complutense de Madrid. En 1988 conoció y entabló amistad con el poeta Claudio Rodríguez, al que admiró no solo por su obra sino también por su forma de incorporarla a la vida como un estandarte de integridad ética y estética. En 1990 Rodríguez le invitó a leer poemas en un acto poético llamado “Poesía en Palacio”. Se trataba de un acto en el que un poeta que había publicado su primer libro en los 50 invitaba a otro poeta que había nacido en esa misma década.  
Su libro Conversación en junio (1992) fue finalista en el Premio Nacional de Poesía. Su labor crítica se ha desarrollado en distintos medios como El País, el desaparecido Diario 16 y las revistas Ínsula, Revista de Occidente y Boletín de la Fundación García Lorca, entre otras.
Sus libros de poemas son siete: En otro corazón (Trieste, Madrid, 1983), Las hojas secas (Trieste, Madrid, 1985), Conversación en junio (El Banquete, Madrid, 1992), Lo que han visto mis ojos (El Banquete, Madrid, 1993), Una razón para vivir (Tusquets, Barcelona, 1998), Río eterno (Calambur, Madrid, 2006) y Sorprendido por la alegría (Bartleby, Madrid, 2012). Es también autor de novelas, traducciones, un libro de cuentos, un ensayo, antologías y numerosos estudios críticos. También obras suyas han sido traducidas al italiano, al portugués y al inglés.
  
DIRECCIÓN: 
María del Carmen Ruiz de la Cierva. Profesora Titular de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada.
COORDINACIÓN:
Alicia Duñaiturria. Tutora de alumnos de la Universidad de Mayores. Universidad Pontificia Comillas.
INFORMACIÓN: adunaiturria@comillas.edu.
Se otorgará Constancia de Asistencia y Participación a todos aquellos que lo soliciten.
FECHA y HORA: Lunes 24 de abril de 2017 a las 20:00 h.

 LUGAR DE CELEBRACIÓN: Sala de Conferencias de la Universidad Pontificia Comillas. Calle Alberto Aguilera, 23 (planta baja), 28015-Madrid.
  
JORNADA DE POESÍA EN LA UNIVERSIDAD DE MAYORES:

LA POESÍA DE ÁNGEL RUPÉREZ: LA EMOCIÓN RECORDADA
  
Uno de los medios de que dispone el hombre para expresar sus sentimientos más íntimos y comunicar las interioridades de su espíritu, de su alma, es la expresión poética.
Ocurre, con frecuencia, que, al intentar explicar con palabras algo que deseamos compartir, no logramos con facilidad nuestro propósito, no encontramos los términos adecuados capaces de plasmar con exactitud nuestras experiencias, deseos, inquietudes, recuerdos, sueños, afectos, ilusiones, etc. El resultado verbal es pobre y escaso respecto del contenido interior que pretendemos transmitir.
Sin embargo, no sucede igual cuando se trata de una persona con inspiración creadora que usa el lenguaje para manifestarla. Esa creación de valor estético sí tiene la capacidad de decir “todo lo que quiere decir”, de conectar con el alma de cualquier ser humano y de proporcionarle una experiencia estética reconfortante, completa, aleccionadora y positiva.
Por ello, el sentido y la finalidad que se pretende con estas Jornadas de Poesía es movilizar la sensibilidad estética poniendo de manifiesto cómo los poetas manejan el lenguaje para contar, con las palabras que usamos en la comunicación habitual, “lo otro”, eso profundo y diferente que cualquiera no es capaz de expresar con plenitud, pero que posee la virtud de ser captado por todos, porque la condición humana no varía de unos a otros, a pesar de las peculiaridades de cada hombre y de las diferentes formas de expresión poética y estilo de cada autor.
Se pretende crear un espacio de comunicación e intercambio de ideas en el que, tras unas exposiciones de alto rigor científico y académico, se provoque un coloquio enriquecedor e interesante de conocimientos y experiencias poéticas para todos aquellos miembros de nuestra comunidad universitaria que se animen a participar.
Para la Jornada de Poesía que vamos a celebrar hemos invitado a un poeta actual que ha conseguido realizar su deseado sueño de fundir perfectamente arte y vida. Un poeta que ha sabido asimilar sus vivencias humanas y expresarlas transformadas en una magnífica obra de creación, a través de lo que él mismo llama “experiencia interior”.
Así, el mundo puede ser conocido mediante la sabiduría que nos proporciona el arte.
Ángel Rupérez no intenta reproducir la realidad, sino la eternidad de la belleza y del conocimiento en su búsqueda de la verdad mediante su permanente e iluminadora interrogación. Sus poesías tienen la capacidad de conmover, de sorprender y de invitar a pensar siempre con un enfoque más afectivo que intelectual.
En esta Jornada de Poesía vamos a descubrir esa luz propia y personal de los versos de Ángel Rupérez que nos permitirá no solo reconocernos sino también ver el mundo como nuevo y distinto, gracias, precisamente, a las sugerencias de sus poemas. Observemos una breve muestra de ello en unos versos del poema “Todo tiene sentido” del libro Sorprendidos por la alegría:
                        Todo tiene sentido, conocemos esa ley perdurable.
                        Observemos nuestra naturaleza, obedezcamos a nuestros ojos,
                        pidámosles lo que ellos piden, sepamos lo que ellos saben.
Investiguemos en nuestro ser profundo,
solicitemos más a nuestro mudo anhelo, sepamos construir existencia.
Es decir, acerquémonos a la intimidad de la lluvia primaveral
y sepamos cómo extrae brillo de las hojas
iluminadas por el agua que las lava para saciarlas
de beatitud, confianza, austeridad y alegre esperanza.

                                                                                  María del Carmen Ruiz de la Cierva

                                                                                  Directora de la Jornada de Poesía

miércoles, 8 de marzo de 2017

1º PREMIO INTERNACIONAL CILMEQ PARA JÓVENES ESCRITORES SOBRE EL QUIJOTE


El Premio CILMEQ para jóvenes escritores se concederá
a los mejores trabajos escritos sobre cualquier aspecto de la novela
del Ingenioso Hidalgo don Quijote de La Mancha.

Se regirá por las siguientes BASES:
  1. Pueden participar todas las personas que hayan cumplido los 18 años que lo deseen hasta los 25 años de edad, cualquiera que sea su nacionalidad, siempre que se presenten los trabajos (una obra por concursante) en lengua española, originales e inéditos, no publicados en ningún tipo de formato ni total ni parcialmente (incluido internet), no premiados o pendientes de fallo de otros concursos o a la espera de un proceso editorial.
  2. El Tema versará sobre cualquier aspecto de la novela universal
    don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra.
  3. El trabajo original deberá estar mecanografiado tamaño A4, letra 12, espaciado estándar, o bien a doble espaciado, utilizando un tipo Arial, Times New Roman o similares, a 12 puntos. Debiendo tener una extensión de entre 5 a 10 folios.
  4. El original de la obra podrá presentarse en formato papel o en digital debiendo ser enviado a la dirección electrónica:

    premiocilmeq@outlook.com

    o en papel a la dirección postal:

    CILMEQ.
    Casa de los Estudios, Santo Tomás 39, 13320
    Villanueva de los Infantes (Ciudad Real).

    En el email se especificará: “Para el I Premio CILMEQ”.
    Se enviará en el mismo correo dos archivos adjuntos en formato Word:

    • El primer archivo se denominará TITULO DE LA OBRA
      en mayúsculas (ejemplo: DON QUIJOTE DE LA MANCHA),
      se enviará la misma bajo el seudónimo.
      No se aceptaran como seudónimos nombres artísticos ni alias muy difundidos en medios digitales, que permitan identificar al autor.
      En el inicio de la primera página se colocará el NOMBRE DE LA OBRA y en la línea sucesiva el SEUDONIMO , seguido del texto.
      No se aceptarán envíos que incluyan, dibujos, fotos, links externos o cualquier otro tipo de adorno ajeno al propio texto.
    • El segundo archivo será denominado TITULO DE LA OBRA-PLICA
      en mayúsculas (ejemplo: DON QUIJOTE DE LA MANCHA-PLICA),
      y en él se enviarán los siguientes datos personales:

      • Título de la obra.
      • Seudónimo.
      • Nombre y apellido.
      • Año de nacimiento, ciudad y país de origen.
      • Dirección de domicilio completa, incluido el país.
      • Teléfono(s).
      • Correo electrónico .
      • Breve currículo, no deberá sobrepasar una página.
    Los datos deben de enviarse completos para informar a los reconocidos del Certamen, si son incompletos no será aceptada la participación.
  5. Se adjudicará tres Premios:

    • Primer Premio: Quinientos Euros (500 €)
      otorgado por el M.I. Ayuntamiento de Villanueva de los Infantes (Ciudad Real)
    • Segundo Premio: Trescientos Euros (300 €)
      otorgado por el CILMEQ
    • Tercer Premio: Doscientos Euros (200 €)
      otorgado por el CILMEQ
  6. El plazo de admisión de originales terminará el 8 de mayo de 2017
  7. El fallo será inapelable. La entrega de Premios tendrá lugar el día 2 de julio con motivo de la clausura del Congreso Internacional América-Europa sobre los valores del Quijote (se anunciará oportunamente).
    Si el premiado no puede acudir por sus propios medios, queda autorizado para designar a un representante que asista al Acto de Premiación en su lugar. O será representado, presumiblemente, por un miembro del Cuerpo Diplomático de su país.
  8. Los organizadores de este certamen se reservan durante un año, exento de retribución alguna a favor de los autores, el derecho en exclusiva de publicar y difundir por cualquier medio los trabajos premiados si así lo considera pertinente. Así mismo pasado este plazo de tiempo, los organizadores de este certamen podrán publicar y difundir por cualquier medio, con el fin generoso y altruista de contribuir a difundir los trabajos premiados sin obligación de remuneración pecuniaria alguna de sus autores. Los trabajos premiados pasan a ser propiedad del CILMEQ.
  9. El comité organizador y el jurado no mantendrán comunicación alguna con los participantes respecto a sus textos, ni ofrecerán información que no sea el propio fallo recogido en el acta. El hecho de concurrir implica la total aceptación de estas bases. El Jurado se reserva el derecho a declarar desierto el premio así como de otorgar menciones honoríficas si lo considera oportuno.

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domingo, 5 de marzo de 2017

La ideología vampiriza la religión

Síntesis de Jesús Cotta de la lectura de El izquierdismo es un clericalismo: "La ideología vampiriza la fuerza, la función y las formas de la religión para cargarse de la fuerza que ella misma en sí no posee".


miércoles, 22 de febrero de 2017

César Aira: El Arte Contemporáneo es una épica de formatos en fuga.

Fuente

Lo que quiero decir es que en esta carrera que han emprendido, la obra y su reproducción se persiguen tan de cerca que llegan a confundirse. La reproducción misma se vuelve obra de arte, o, más precisamente, arte sin obra. «Sueño no soñado», dijo De Chirico. Sueño no soñado todavía, latente, sin la prepotencia de lo realizado. El arte se vuelve un juego ligeramente fantástico con el tiempo: es la documentación de algo que fue, y a la vez promesa de algo que será. Nonato y póstumo. Quizás la obra de arte siempre fue eso, un ente de existencia precaria o ambigua, suspendido entre el antes y el después, subserviente de un guión que oculta como un secreto su belleza y su encanto.

[...]

Si la carrera entre la obra de arte y la reproducción siempre la va a ganar la obra, y la va a ganar, merced al avance de las tecnologías de reproducción, por una ventaja cada vez menor, estamos ante una nueva versión de la competencia de Aquiles y la tortuga. Pero la reproducción se vuelve obra, y la obra reproducción, cuando ambas comprenden que lo que importa es la historia, el guión de la fábula, que mueve a ambas.

[...]

De ahí que nadie le dé mucho crédito al consejo banal de apreciar la obra de arte sólo por sus valores plásticos, independientemente de los saberes o asociaciones que la envuelven. Ni el formalista más dogmático, el que cuelga el cuadro patas arriba para concentrarse en el juego de las formas y colores, puede desentenderse de un relato u otro. (Richard Wolheim ha escrito de un modo muy iluminador sobre el tema.)
Pero fue en las últimas décadas, con el advenimiento de medios técnicos de reproducción cada vez más perfeccionados, que salió a luz este secreto tan visiblemente guardado del arte. Mantener un quantum de irreproducibilidad se volvió la tarea que indicó la dirección en que se debía ir. Eso hizo que el Arte Contemporáneo fuera, sea, un arte de formatos, una épica de formatos en fuga.



Antes de todo esto habría que preguntarse si es realmente necesario reproducir las obras de arte, en esas revistas que yo espero con tanta avidez, o en cualquier otro medio. Porque durante siglos los cuadros y las estatuas esperaron en su sitio a que los fuéramos a ver. Se comportaban como los fantasmas, que sólo hablan cuando se les dirige la palabra, y son eminentemente sedentarios, sedentarios más allá de la muerte. Y lo hacían así porque contaban con el tiempo para el que habían sido hechos, y podían esperar. El Arte Contemporáneo, al quererse contemporáneo, ha anulado el tiempo comprimiéndolo al presente, y debe estar en todas partes al mismo tiempo. Así es como se echa a andar la máquina: se hace necesario reproducir, el artista responde con su propia necesidad de ocultarle algo a la reproducción, la reproducción se perfecciona para que no se le oculte nada… Y esa carrera, precipitándose sobre el instante presente, recibe con justicia el nombre de «Contemporáneo»

[...]

Bastaría con eliminar los cuadros de Poussin, dejando a Poussin, para ver asomar la dimensión de lo no-hecho, en la que creo que está el secreto utópico del Arte Contemporáneo. Incorporar lo no-hecho a lo hecho es la tarea que parecen haberse asignado algunos artistas, desde el momento en que la saga del Modernismo se dio a sí misma por terminada. Lo hecho, los libros existentes, los cuadros, las esculturas, los videos, etcétera, por la razón de haber sido hechos, son productos, y como tales objetos del mercado. Lo malo de lo cual es que para funcionar en el mercado deben transportar valores ya establecidos y confirmados, traicionando la misión última del arte que es crear y poner en circulación valores nuevos. Pero lo hecho sigue y seguirá siendo el soporte necesario de lo no hecho, que se aloja en su materia como un relato secreto. La literatura, o la literatura como yo la entiendo y practico, podría ser el puente de plata tendido entre lo hecho y lo no hecho, que establecen entre sí una misteriosa y sugerente asimetría.

Otro enfoque para este mismo asunto es el de los nombres. Alguna vez habría que hacer, si es que no está hecha ya, la historia, o la enciclopedia, de los nombres de los movimientos artísticos. Es una historia que en su forma explícita duró más o menos un siglo. Empezó con los impresionistas, nombre que, tal como pasaría con otros después, como el cubismo o el fauvismo, nació como crítica o burla. Otros fueron nombres programáticos, como el futurismo, otros provocadores, como dadá, descriptivos como expresionismo. Abstractos, geográficos, como la Escuela de París, siglas, como Cobra. En la década de 1960 hubo una aceleración explosiva; los nombres, y lo que designaban los nombres, proliferaron: pop, op, minimalismo, conceptual, land art, fotorrealismo, arte povera, y cien más. Como toda explosión en forma, dejó la tierra arrasada; en adelante ya no hubo nombres; los pocos que se propusieron después, como pattern painting, o bad painting, o Die Neue Wilden (los nuevos fauves) (todos en los setenta), o la transvanguardia, fueron fugaces y limitados. Se había clausurado el carnaval de los nombres; apenas si quedaba como ersatz anteponerle un «neo» o «post» a algún viejo nombre.

No debería haber sido un problema: el arte podía haber seguido funcionando sin nombres, como lo había hecho antes durante siglos. Salvo que las grandes casas de remates de obras de arte necesitaban un nombre para anunciar sus ventas y poner en la tapa de sus catálogos, y entonces, por un consenso entre ellas, se decidió darle un nombre convencional a todo lo que, sin entrar en alguna de las categorías remanentes, hubiera sido producido después de 1970. El nombre que eligieron, sin exprimirse mucho el cerebro y con escasa visión de futuro, fue el de Arte Contemporáneo. Un nombre perfectamente absurdo, ni descriptivo ni provocativo ni geográfico, de una neutralidad apabullante, casi paródica.

Pero, curiosamente, el nombre prendió, y quedó, y por su permanencia misma, que ya de por sí es paradójica, ha empezado a tomar sentido; entre otras cosas, o principalmente, porque lo que designa, aun en su enorme variedad, tiene rasgos comunes, una cierta atmósfera común, que es la de la coincidencia en un momento histórico que reniega lúdicamente de la Historia para desplegarse como un presente permanente.

Dicen que el concepto de «arte» nació en el siglo XVIII. Nadie ha terminado de ponerse de acuerdo en la descripción de ese concepto. A mi juicio, sería una restricción, mediante la cual se aísla la pequeña parte activa de lo que antes, o siempre, se ha llamado «arte», y a todo lo demás lo relega a la categoría de artesanía. Esta, la artesanía, debe hacerse bien (de modo que pueda aceptarse, apreciarse y venderse). Para hacerla bien es preciso hacerla como se la hizo siempre, ajustándose a un canon que sólo admite variaciones, y éstas dentro de márgenes aceptados. El arte en cambio no es arte si se lo hace bien (es decir si se somete a los valores ya establecidos). Al arte no es necesario hacerlo bien —y es una lamentable pérdida de tiempo, en la que suelen incurrir los jóvenes, esforzarse en ese sentido. Si es arte, o para que sea arte, debe crear valores nuevos; no necesita ser bueno, al contrario: si se lo puede calificar de bueno es porque está obedeciendo a parámetros de calidad ya fijados, y se lo puede poner entonces, según este novedoso concepto dieciochesco reinterpretado por mí, en el rubro de la «artesanía».

Yo atrasaría la fecha del comienzo hasta el momento en que empezó a haber nombres para las escuelas o movimientos, es decir hasta el impresionismo, o sus «precursores», en el sentido borgeano. Es entonces, cuando toma conciencia de sí, que se vuelve creación de valores, o, en términos menos portentosos, creador de parámetros de gusto. El tiempo, el tiempo histórico, empieza a participar en el juego. Es lo que hemos acordado en llamar Modernismo o Modernidad: una teleología apuntada al futuro, que tuvo su figura más ruidosa en las vanguardias. Este proceso culminó en la década de 1960, y entonces cesó.

El Arte Contemporáneo podría ser la realización de la teleología del modernismo. Ya no se asume como heraldo del futuro, del devenir futuro del tiempo, sino como realización lisa y llana en el presente. «Crear valores» es intervenir en la historia personal del espectador. Crearle un gusto, darle una nueva mirada… Eso tiene, o ha tenido, su equivalencia en el artista: desde el momento en que el arte deja de proponerse como producción de objetos artesanalmente bellos, pasa a la dimensión de lo no hecho, y los objetos del arte se vuelven apenas el soporte del mito biográfico del artista. En tanto se haga inteligible la idea original, puede prescindir de los objetos, y de hecho prescinde las más de las veces, o los degrada o rescata de la basura. El objeto se vuelve secundario respecto del relato del que emerge. Con lo cual el artista se muestra coherente con el concepto dieciochesco, pues crear valores es contar historias.

[...]

Pero entonces… si el arte entra, como parece haber entrado, en una meseta de contemporaneidad definitiva, la creación de valores se hace contigua a su percepción en el gusto. De ahí que el Arte Contemporáneo no tenga negadores puntuales, al detalle, sino enemigos generales, masivos: no hay desfase histórico (temporal) como para que un gusto formado en un estadio se confronte con un gusto formado en el estadio siguiente, porque ya no hay estadios, sucesivos ni salteados, sino un solo y único plano de tiempo achatado, contemporáneo de sí mismo. El tiempo se ha vuelto espacio, y en el Arte Contemporáneo se entra o no se entra.

Los personajes que giran alrededor del artista contemporáneo (curadores, críticos, etcétera) conformando en su conjunto el Arte Contemporáneo, se ven ante esa situación paradójica, de discernir el devenir histórico de los valores… fuera de la Historia. La Historia es una selección, y por ello un freno a la proliferación. Libre de ese freno, el Arte Contemporáneo prolifera, inabarcable, innumerable. En el más remoto pueblecito de Tailandia o la Argentina alguien está mirando en YouTube la última fantasía de Paul MacCarthy o una performance de Marina Abramovic; miles de artistas están exponiendo en galerías pequeñas o grandes, en grandes museos o en el garaje de su casa. El saber común dice que el paso del tiempo hará su exigente selección y quedará sólo lo bueno, o mejor dicho lo que haya logrado crear un nuevo parámetro de calidad, con el que decidir en adelante qué es bueno y qué no. Pero, precisamente, en el Arte Contemporáneo no hay paso del tiempo, si realmente es «contemporáneo», o, en otras palabras, si es la contemporaneidad lo que lo hace arte. No hay que esperar el juicio de la Historia para establecer valores, porque esta nueva especie de arte que se llama Arte Contemporáneo es su propia documentación, está escribiendo su historia simultáneamente con su aparición, y no necesita que pase el tiempo.

Uno de los filtros tradicionales contra la proliferación era el difícil y largo aprendizaje de las técnicas artísticas. Hoy han caído los filtros. Aprender las leyes de la perspectiva, o a tallar y pulir el mármol, o a hacer veladuras con óleo, es una excentricidad más que se permitirán algunos en la busca de originalidad, pero que de ningún modo es necesaria. Por un lado podríamos deplorarlo en tanto salen a escena seudoartistas que se limitan a medrar con las facilidades actuales. Por otro lado, da la posibilidad, tan esperada, de que salga a luz y conozcamos al fin a los Mozarts y Rimbauds de las artes, que en otra época habrían quedado ignorados y sin obra por no tener la paciencia del aprendizaje o el acceso a él. El cine se aproxima velozmente a esta situación del Arte Contemporáneo. Recuerdo que hace muchos años un director de cine argentino decía: «Cuando el cine deje de ser una industria pesada, engorrosa y costosa, cuando hacer una película sea tan fácil como tomar una lapicera y escribir un poema, sólo entonces el cine se volverá un arte de pleno derecho, y todo lo anterior lo veremos como una conmovedora prehistoria». Esto tiene, claro está, mucho de utópico o de wishful thinking. Quizás los hechos prueben lo contrario: que el engorro de los técnicos y los estudios y la financiación son parte integrante esencial del arte del cine. Y, mutatis mutandis, no sería imposible que el trabajoso preliminar artesanal de la pintura y la escultura sean esenciales para las artes plásticas.

[...]

Quizás hoy, en la estela de la institucionalización desenfrenada del Arte Contemporáneo, la literatura va en dirección a la misma clase de legitimación, y se vuelve un desfile eufórico de inventiva, como lo es hoy el Arte Contemporáneo. En ese caso los inadaptados, marginados e individualistas empedernidos tendrán que buscar otro medio de expresión. Lo que quizás sea bueno, porque ya hemos tenido mucha literatura. 

viernes, 17 de febrero de 2017

Libros de 2017

1    Ramón Gómez de la Serna. Descubrimiento de Madrid. Cátedra. Madrid. 1993.
Semblanzas del Madrid del primer tercio del siglo XX desde la imaginación portentosa y la pluma magnífica de Gómez de la Serna. La ciudad es un ser vivo poblada de seres vivos. Saber mirarla.
2 Jorge Manrique. Poesías. Cátedra. Madrid.
3 Rubén Darío. Cantos de vida y esperanza. Austral. Madrid.
Walter Benjamin. Desembalo mi biblioteca. El arte de coleccionar. José J. de Olañeta. 2015.
5 Óscar Tusquets Blanca. Todo es comparable. Anagrama. Barcelona. 1998.
6 Jorge Guillén. El hombre y la obra. Valladolid. 1990.
7 Gerardo Diego. Primera antología de sus versos (1918-1941). Espasa Calpe. Madrid, 1980.
8 Novalis. Poemas tardíos. Linteo poesía. Orense. 2011. ed. Antonio Pau.
9 C. S. Lewis. Los cuatro amores. Rialp. Madrid. 2008.
10 Biblioteca Universitaria. Universidad de Castilla-La Mancha. Uno y mil quijotes: la visión de los ilustradores. 2016.
11 Ricardo García-Villoslada. Martín Lutero (I). Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. 2008.
12 T. S. Eliot. Cuatro cuartetos. Cátedra, Madrid, 1999.
13 Nicholas Carr. Atrapados. Cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas. Alfaguara. 2014.
14 Virginia Woolf. ¿Cómo debería leerse un libro? Centellas. Barcelona. 2016.
15 Rainer Maria Rilke. Vergeles. Poema XXXIV
16 Simone Weil. Nota sobre la supresión general de los partidos políticos. José J. de Olañeta. 2014.
17 Simone Weil. La persona y lo sagrado. José J. de Olañeta. 2014.
18 Franz Kafka. Cuentos completos. El deseo de ser un indio. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
19 Franz Kafka. Cuentos completos. La negativa. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
20 Franz Kafka. Cuentos completos. Los árboles. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
21 Franz Kafka. Cuentos completos. Vestidos. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
22 Franz Kafka. Cuentos completos. El comerciante. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
23 Franz Kafka. Cuentos completos. El camino a casa. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
24 Franz Kafka. Cuentos completos. Contemplación dispersa. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
25 Franz Kafka. Cuentos completos. Gente que viene a nuestro encuentro. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
26 Franz Kafka. Cuentos completos. El pasajero. Tr. José Rafael Hernández Arias. Valdemar. Madrid. 2004.
27 Luis Barahona de Soto. Fábulas mitológicas.
28 El placer de leer. XII Certamen fotográfico. Ayuntamiento de Salamanca 2005.
29 François Rabelais. Los sueños droláticos de Pantagruel. José J. de Olañeta. 2011.
30 César Aira. Sobre el arte contemporáneo. Random House. Barcelona. 2016.
31 Fabrice Hadjadj. La suerte de haber nacido en nuestro tiempo. Rialp. Madrid. 2016.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Barthes: "Las fotos son signos que no cuajan, que se cortan, como la leche"

p. 31: Lo que la Fotografía reproduce al infinito únicamente ha tenido lugar una sola vez: la Fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente. En ella el acontecimiento no se sobrepasa jamás para acceder a otra cosa: la Fotografía remite siempre el corpus que necesito al cuerpo que veo, es el Particular absoluto, la Contingencia soberana, mate y elemental, el Tal (tal foto, y no la Foto), en resumidas cuentas, la Tuché, la Ocasión, el Encuentro, lo Real en su expresión infatigable.

p. 34: Esta fatalidad (no hay foto sin algo o alguien) arrastra la Fotografia hacia el inmensa desorden de los objetos - de todos los objetos del mundo: ¿por que escoger (fotografiar) tal objeto, tal instante, y no otro?­ La Fotografia es inclasificable por el hecho de que no hay razón para marcar una de sus circunstancias en concreto; quizá quisiera convertirse en tan grande, segura y noble como un signo, lo cual le permitiría acceder a la dignidad de una lengua; pero para que haya signo es necesario que haya marca; privadas de un principio de marcado, las fotos son signos que no cuajan, que se cortan, como la leche. Sea lo que sea lo que ella ofrezca a la vista, y sea cual sea la manera ernpleada, una foto es siempre invisible; no es a ella a quien vemos.

p. 39: Ese algo terrible que hay en toda fotografía: el retorno de lo muerto.

p. 42-43:  Yo quisiera en suma que mi imagen, móvil, sometida al traqueteo de mil fotos cambiantes, a merced de las situaciones, de las edades, coincida siempre con mi “yo” (profundo, como es sabido); pero es lo contrario lo que se ha de decir: es “yo” lo que no coincide nunca con mi imagen; pues es la imagen la que es pesada, inmóvil, obstinada (es la causa por la que la sociedad se apoya en ella) y soy yo quien soy ligero, dividido, disperso…”

p. 56: la Fotografia, esencialmente, si asi puede decirse (contradiccion en los terminos), no es
mas que contingencia, singularidad, aventura.

p. 72: la Foto es como un teatro primitivo, como un Cuadro Viviente, la figuraci6n del aspecto
inmóvil y pintarrajeado bajo el cual vemos a los muertos.

p. 77: En un primer tiempo, la Fotografía, para sorprender, fotografía lo notable; pero muy pronto, por una reacción conocida, decreta notable lo que ella misma fotografía. El «cualquier cosa» se convierte entonces en el colmo sofisticado del valor.

p. 152-155: Es el advenimiento de la Fotografía, y no, como se ha dicho, el del cine, lo que divide a la historia del mundo. Es precisamente por el hecho de ser la Fotografía un objeto antropológicamente nuevo por lo que debe situarse al margen, me parece, de las discusiones corrientes sobre la imagen. La moda actual entre los comentaristas de Fotografía (sociólogos y semiólogos) tiende a la relatividad semántica: nada de «real» (perfecto desprecio por los «realistas», que no ven que la foto esta siempre codificada), tan solo artificio: Thesis, y no Physis; la Fotografía, dicen ellos, no es un analogon del mundo; lo que representa está fabricado, ya que la óptica fotográfica se encuentra sometida a la perspectiva albertiniana (perfectamente histórica) y que la inscripción en el cliché hace de un objeto tridimensional una efigie bidimensional. Tal debate es vano: nada puede impedir que la "Fotografía sea analógica; pero al mismo tiempo el noema de la fotografía no reside en modo alguno en la analogía (rasgo que comparte con toda suerte de representaciones).
Los realistas, entre los que me cuento y me contaba ya cuando afirmaba que la Fotografía era una imagen sin código incluso si, como es evidente, hay códigos que modifican su lectura-, no toman en absoluto la foto como una «copia» de lo real, sino como una emanación de lo real en el pasado: magia, no un arte. Interrogarse sobre si la fotografía es analógica o codificada no es una vía adecuada para el análisis, Lo importante es que la foto posea una fuerza constativa, y que lo constativo de la Fotografía ataña no al objeto, sino al tiempo. Desde un punto de vista fenomenológico, en la Fotografía el poder de autentificación prima sobre el poder de representación.

p. 155-156: Todos los autores están de acuerdo, dice Sartre, en señalar la pobreza de las imágenes que acompañan a la lectura de una novela: si me encuentro subyugado por esa novela, no poseo ninguna imagen mental. A la Parquedad de Imagen de la lectura corresponde la Abundancia de la Imagen de la Foto; no tan solo porque la Foto es ya en sí misma una imagen, sino porque esta imagen tan especial se da como completa -integra, se dirá, jugando con el término-. La imagen fotográfica está llena, abarrotada: no hay sitio, nada Ie puede ser añadido En el cine, cuyo material es fotográfico, la foto, sin embargo, no posee esta completud (y es una suerte para él). ¿Por qué? Porque, presa en un fluir, Ia foto es empujada, estirada sin cesar hacia otras vistas; sinn duda, hay siempre en el cine un referente fotográfico, pero dicho referente se escurre, no reivindica su realidad, no protesta por su antigua existencia; no se agarra a mí no es ningún espectro. Al igual que el mundo real, el mundo fílmico se encuentra sostenido por la presunción de «que la experiencia seguirá transcurriendo constantemente en el mismo estilo constitutivo»: mientras que la Fotografia rompe con el «estilo constitutivo» (y de ahí e]l asombro que produce); no hay futuro en ella (de ahí su patetismo, su melancolía); nada de protensión en ella, mientras que el cine es de por si protensivo y por ello en modo alguno melancólico (¿qué es, pues, el cine entonces? Pues bien, el cine es simplemente “normal», como la vida). Inmóvil, la Fotografía vuelve de la presentación hacia la retención.


p. 159: La Fotografía es violenta no porque muestre violencias, sino porque cada vez llena a La fuerza la vista y porque en ella nada puede ser rechazado ni transformado (el que a veces pueda afirmarse de ella que es dulce no contradice su violencia; muchos dicen que el azúcar es dulce, pero yo encuentro el azúcar violento).

p. 162-163: Las antiguas sociedades se las arreglaban para que el recuerdo, sustituto de la vida, fuese eterno y que por lo menos la cosa que decía la Muerte fuese ella misma inmortal: era el Monumento. Pero haciendo de la fotografía, mortal, el testigo general y algo así como natural de “lo que ha sido”, la sociedad moderna renunció al Monumento. Paradoja: el mismo siglo ha inventado la Historia y la Fotografía. Pero la Historia es una memoria fabricada según recetas positivas, un puro discurso intelectual que anula el Tiempo mítico; y la fotografía es un testimonio seguro, pero fugaz; de suerte que todo prepara hoy a nuestra especie para esta impotencia: no poder ya, muy pronto, concebir, efectiva o simbólicamente, la duración: la era de la Fotografía es también la de las revoluciones, de las contestaciones, de los atentados, de las explosiones, en suma, de las impaciencias, de todo lo que se niega a la madurez.

p. 199: Lo que caracteriza a las sociedades consideradas avanzadas es que tales sociedades consumen en la actualidad imágenes y ya no, como las de antaño, creencias; son más liberales, menos fanáticas, pero también más “falsas” (menos “auténticas”), -cosa que nosotros traducimos en la consciencia corriente por la confesión de un tedio nauseabundo, como si la imagen al universalizase, produjese un mundo sin diferencias (indiferente) del que sólo pueden surgir aquí y allí el grito de los anarquismos, marginalismos e individualismos: eliminemos las imágenes, salvemos el Deseo inmediato (sin mediación).

Roland Barthes, La cámara lúcida, Paidos: Barcelona, 1990..