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miércoles, 4 de abril de 2012

Ni conocemos todo ni ignoramos todo

¡Qué fácil es pasar de un extremo a otro! La razón humana no conoce todo, pero tampoco lo ignora todo. En la crítica literaria, por ejemplo, hemos pasado de pretender explicarlo todo a partir de teorías omnicomprensivas como el marxismo o el psicoanálisis, a no pretender explicar nada, a quedarnos en la pura fragmentación del conocimiento, a la erudición reduccionista...
Qué difícil es el in medio virtus aristotélico. O ideologías totalizantes o relativismos vacuos.
Estas reflexiones me han venido hoy a la cabeza tras encontrarme con este texto de Tomás de Aquino:

[23523] Contra Gentiles, lib. 1 cap. 5 n. 4 Sunt enim quidam tantum de suo ingenio praesumentes ut totam rerum naturam se reputent suo intellectu posse metiri, aestimantes scilicet totum esse verum quod eis videtur et falsum quod eis non videtur. Ut ergo ab hac praesumptione humanus animus liberatus ad modestam inquisitionem veritatis perveniat, necessarium fuit homini proponi quaedam divinitus quae omnino intellectum eius excederent.

"Algunos confían tanto en su talento que piensan poder medir la naturaleza completa de las cosas con su inteligencia, estimando ciertamente que es verdad lo que les parece a ellos verdadero y falso lo que no les parece verdadero, Así pues, para que el espíritu humano, liberado de esta presunción, llegue a una moderada búsqueda de la verdad, ha sido necesario que de modo divino le sean propuestas al hombre algunas verdades que excedieran completamente su capacidad intelectual".

Es decir, que un conocimiento que excede a la inteligencia, pero al que se asiente desde la inteligencia, o sea, una fe religiosa, proteje a la razón de los dos extremos, a saber, de pensar que es capaz de conocerlo todo o de pensar que es incapaz de conocer nada.

Esta idea la explica muy bien Pascal (Pensamientos 268): -Hay que saber dudar donde es necesario, aseverar donde es necesario, sometiéndose donde es necesario. Quien no lo hace no escucha la fuerza de la razón. Los hay que pecan contra estos principios, o bien aseverándolo todo como demostrativo, por no entender de demostraciones; o bien dudando de todo, por no saber dónde hay que someterse; o bien sometiéndose a todo, por no saber dónde hay que juzgar.

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