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martes, 30 de abril de 2013

No "o Dios o el hombre" sino "Dios y el hombre"



El Renacimiento y el Humanismo son fenómenos extremadamente complejos. El estudioso es un caballero que ha de luchar constantemente contra el gigante de la simplificación. Conviene leer alguna obra de Kristeller, Chastel o Burke sobre el Renacimiento.
No se puede contraponer humanismo y cristianismo. El renacimiento surge, en primer lugar, como un movimiento de renovación estética, particularmente de la lengua, el latín. Se busca en los autores latinos de la antigüedad una purificación del estilo de la baja escolástica.
El intelectual del Renacimiento está intensamente preocupado por la renovación de la vida cristiana y de la Iglesia. Se redescubren los padres de la iglesia en sus textos, se estudia con fervor la Sagrada Escritura, se busca la pureza de los inicios: desde Petrarca hasta Erasmo, desde Pico della Mirandola hasta Vives, pasando por (Santo) Tomás Moro, el Renacimiento es, en cierto sentido un movimiento más religioso que la Edad Media, pues nace con la devotio moderna, un deseo de piedad personal que culminará, precisamente, en la eclosión de la mística española.
El redescubrimiento del cuerpo humano en el arte no significa un antropocentrismo que deje de lado a Dios, porque el hombre se ve como imagen y semejanza de Dios. El Renacimiento no es disyuntivo: o Dios o el hombre, sino copulativo: Dios y el hombre.
Como dice Kristeller en El pensamiento renacentista y sus fuentes, Fondo de Cultura Económica, México, 1982, “en la Italia renacentista, el humanismo y el escolasticismo aristotélico no eran tanto dos corrientes ideológicamente opuestas –y mucho menos representantes de una filosofía nueva y otra antigua-, sino dos campos de interés coexistentes”.


Metáforas de la muerte

La Danza general de la muerte, preciosa pieza de la literatura medieval castellana, puede leerse en la edición de Haydee Bermejo Hurtado y Dinko Cuitanovic (Cuadernos del Sur, Instituto de Humanidades de la Universidad Ncional del Sur, Bahía Blanca, 1966).

La muerte, personalizada, pone en danza a toda una galería de personajes medievales: desde el Papa al sacristán, desde el rey hasta el labrador.

En la Danza podemos ver diversas metáforas de la muerte. He aquí algunas de ellas:

La muerte es un arquero: su flecha es la muerte. Es un cazador, que echa sus lazos y lanza sus redes.
La muerte danza y mete en danza (mata) a toda criatura.
Muere quien es desposado por ella.
La muerte es un monarca, tiene duros dientes.
La muerte es un señor: llama vasallo al obispo.
Posee una sierra, ciega a sus víctimas, canta, llama, lleva, aprieta, juega.
La muerte es fea.
Es maestra: da lecciones y viste [de madera] de pino...




domingo, 28 de abril de 2013

El pecado, ¿un invento cristiano?

Según un texto recogido en el propio Mahabharata, libro sagrado de la India (fuente): "Como la mantequilla entre todos los productos de la leche, los bracmanes entre los arios, los aranyakas entre los vedas, el licor de la inmortalidad entre las medicinas y la vaca entre los cuadrúpedos son lo mejor, así el Mahabhárata es el mejor de todos los libros. Al que lo ha oído una vez no le agrada oír ninguna otra cosa, como el que ha oído el cuco no le gusta la ronca voz de la corneja. De esta narración, excelente entre todas, salen los pensamientos de los poetas, como los tres mundos, de los cinco elementos. Igual mérito alcanzan el que regala cien vacas de cuernos dorados a un bracman sabio, conocedor de los Vedas, que el que oye diariamente las santas narraciones del Mahabharata. Este es el libro sagrado de la moral, es el mejor manual para la vida práctica y también como libro de instrucción para la Liberación ha sido compuesto por Vyasa, el incomensurable sabio. Cualquier pecado de hecho, palabra o pensamiento, se borra cuando se ha oído este poema. En tres años el asceta Krishna Dvaipayana ha redactado esta maravillosa narración, concentrándose espiritualmente cada día. Lo que hay en este libro concerniente a la moral, a la vida práctica, al disfrute de los sentidos y a la Liberación no hay en ninguna parte; lo que aquí no está no lo hay en ningún sitio en el mundo".
Es significativo el carácter sagrado de este libro, y su poder liberador: elimina todo pecado de hecho, palabra o pensamiento (de lo más visible a lo menos visible).

viernes, 19 de abril de 2013

Dualidad visible / invisible


1) Es obvio que la lengua humana puede descomponerse en dos elementos: el audible (habla) o visible (escritura), que Saussure llama significante; y el inteligible (significado). Al oír o ver una palabra de una lengua desconocida, solo percibimos el sonido o el dibujo; pero al oír o ver una palabra de nuestra propia lengua se nos presenta en primer plano lo inaudible y lo invisible, es decir, el sentido; si bien lo primeramente percibido por la vista y el oído es el significante. Lo físico -el sonido y el dibujo- se esconde ante lo que está después de lo físico (metafísico). La lengua humana es metafísica. Lo curioso es que lo invisible se superponga a lo visible, lo que significa que nuestro órgano cognoscitivo de lo invisible es más fuerte.

2) Ahora, si fijamos nuestra atención solo en el plano del significado, observamos que el lenguaje humano es frecuentemente metafórico, o sea, que posee, de nuevo, dos planos: el sentido literal y el figurado. Estoy con la soga al cuello no suele significar lo que significa literalmente. El carácter metafórico, traslaticio, del lenguaje común se intensifica en el lenguaje literario, ya que no pretende solo comunicar o informar, sino también llamar la atención sobre el propio lenguaje, en el significante (aliteración, por ejemplo: con el ala aleve del leve abanico) y en el significado (hipérbole, por ejemplo, no hay extensión más grande que mi herida). La primera es una metáfora común y la segunda una metáfora literaria.

3) En el lenguaje figurado, a su vez, podemos distinguir una doble dimensión: la que remite al mundo humano -visible- y la que remite al mundo divino -invisible-. "Como el ciervo huiste" es una comparación metafórica que remite a un esposo esquivo y al tiempo a un Dios esquivo. Ambas dimensiones -como todas las que estamos reseñando aquí- no se contraponen, sino que se complementan.

4) El conocimiento humano no es solo descripción sino también reconocimiento, interpretación. Una vez más, un doble plano, y, de nuevo, el plano metafísico es el más importante. Una catedral no es solo su descripción arquitectónica. La descripción es insuficiente. Lo material ha de conducir al sentido: una catedral es un templo dispuesto para la asamblea de fieles bajo la presidencia del obispo, es un espacio de culto, etcétera. 

Las competencias y habilidades ...del homo habilis


Me llama la atención tanta insistencia en las "competencias y habildades" de los alumnos. Tengo para mí que detrás de la jerga se esconde una concepción antropológica de homo habilis, de mono de circo, vamos. Pero, que yo sepa, somos homo sapiens, u homines sapientes (y feminae sapientes)... Somos seres pensantes y lo más útil (oh, paradoja) es aprender a pensar, y pensar libremente.

Veo un poco orweliano que tengamos que desarrollar las competencias y habilidades que el Gobierno de turno ha enumerado en sus farragosos decretos. Me suena a normativización zoológica.

Entiendo que el objeto de la educación es enseñar a leer y a escribir. A leer entre líneas y entre libros (intellegere); a distinguir lo superfluo del cogollo (putare); a discernir el grano de la paja (pensare); a agrupar lo disperso (cogitare); a saber manejar la mente (intendere). A leer y escribir. A salir de la órbita del yo y leer a otros, a entender los textos de otros (¡qué difícil!). A conocer nuestro pasado para comprender el presente y construir el futuro.

Leer mucho, escribir mucho, dialogar mucho. Salir del analfabetismo tecnológico y entrar en el universo de los libros: ese es el ámbito del homo sapiens.


jueves, 18 de abril de 2013

Figuras del mal y personajes perversos en el teatro europeo

Congreso Internacional

XV Jornadas Internacionales de Theatralia

Figuras del mal y personajes perversos en el teatro europeo

:

P R O G R A M A

Jueves, 25 de abril

12.00 Conferencia plenaria de apertura
La Salomé de Oscar Wilde y La Pepona de Valle-Inclán, o el enfrentamiento transgresor de dos personajes femeninos perversos con la figura bíblica de la hija de Herodías
Urszula Aszyk
Universidad de Varsovia

16.00 Sesión de comunicaciones y coloquio
Antígona y Hamlet ante el abuso de poder
Antonio Barnés Vázquez
Universidad de Castilla-La Mancha
¿Por qué son malos los malos? Edipo y don Juan
José Manuel García González
Escuela Universitaria de Artes y Espectáculos TAI, Madrid


17.30 Sesión de comunicaciones y coloquio
El personaje más cruel del teatro lorquiano: Bernarda Alba
Sara Boo Tomás
Universidad de Barcelona
La perversidad como estrategia dentro del teatro modernista de Santiago Rusiñol
Ivan Gisbert López
Universidad de Alicante
Viernes, 26 de abril
10.30 Sesión de comunicaciones y coloquio
El demonio en los autos sacramentales de Calderón
Ramón Moncunill Bernet
GRISO
Subterfugio del mal: las tres hipóstasis de Plotino en la caracterización de los personajes de  El condenado por desconfiado
Martha García
University of Central Florida
:
12.00 Sesión de comunicaciones y coloquio
Sometimes the Leopard Just Can’t Change its Spots: A Study of the Antagonists of Five Irish and Scottish Playwrights
Donna Lee Fields
Universidad International de Valencia
Panorama de un personaje del mal: el vampiro. Adaptaciones de la obra The Vampire de Polidori en el teatro a través de las visiones de Eugène Scribe y Antonio García Gutiérrez
Carme Agustí Aparisi
Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”
:
13.00
Visita a la recreación de la imprenta
en que se imprimió el Quijote
La Gerencia de Infraestructuras del Ministerio de
Cultura otorgó a la Sociedad Cervantina de Madrid
una ayuda para recrear la imprenta de Juan de la Cuesta,
en la calle Atocha 87, lugar donde se imprimió el Quijote.
:
16.00 Sesión de comunicaciones y coloquio
La bruja como figura del mal en el teatro hispánico.
El caso de Las brujas de Barahona de Domingo Miras
Eva Lara Alberola
Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”
«El hablar, el proceder / a la persona conforma»: Sobre la maldad del duque de Ferrara y la estructura de El castigo sin venganza
Blanca Santos de la Morena y Manuel Piqueras Flores
Universidad Autónoma de Madrid
:
17.30 Sesión de comunicaciones y coloquio
Hegel y Schopenhauer en Realidad. El perverso galdosiano sin voluntad
Mª Ángeles Varela Olea
Universidad CEU San Pablo
Bernard-Marie Koltès y la posmodernidad: el Mal y lo perverso como pregunta y cuestionamiento
Constanza I. Correa Lust
Universidad de Colima, México
19.00 Acto de Clausura

domingo, 14 de abril de 2013

Gracias, Grecia



El latín ha muerto, ¡viva el latín!

Este libro es clave para entender la historia de la lengua más escrita y hablada del mundo, el latín, desde hace unos 2.500 años.
Base de varias de las lenguas más importantes (importantes por su literatura, no por su identidad lingüística): castellano, italiano, francés, portugués, rumano, catalán, gallego, provenzal... (y demás variantes, porque "italiano" es una abstracción, por ejemplo), y del inglés, inundado de latinismos; el latín ha sido asesinado en diversas ocasiones sin morir del todo.
Wilfried Stroh traza una historia apasionante desde la Ley de las XII Tablas hasta las actuales páginas de internet en latín.
Vale la pena leerlo. Es un liber librorum, un libro que sirve de guía a muchas lecturas de antiguos y modernos.

viernes, 12 de abril de 2013

La jaula y la ventana


El dogma kantiano expulsa a Dios de la razón y encierra al hombre en una jaula; el dogma cristiano abre una ventana al misterio, que no constriñe a la razón, sino que la incentiva.

La mejor defensa suele ser un buen ataque; y el ataque menos elaborado suele ser culpar al contrario del principal defecto propio. De ahí que los que acusan de encorsetadores a los dogmas cristianos son de ordinario quienes más aherrojan la mente humana, al hacer a la razón esclava de las ciencias particulares, de la experimentación, de la técnica.

La fe cristiana ha supuesto el mayor incentivo para que la razón ampliase exponencialmente su campo de exploración. El misterio es luz, no tiniebla; exceso de luz, donde hay que aclimatarse y adentrarse.

La razón cautiva por los estrechos cauces del racionalismo, el empirismo y el idealismo degenera en la autoreferencia, el apegamiento al dato, la búsqueda convulsiva de información que trata de tapar el hueco dejado por la prohibición de las preguntas fundamentales: ¿quién nos ha hecho a nosotros y al mundo?

Los principales dogmas cristianos, el misterio de la Santísima Trinidad y la encarnación del Verbo, no aherrojan la mente, le abren perspectivas. Kant, en cambio, padre de todos los agnósticos, mantiene enjauladas millones de mentes humanas privadas, no ya de responderse, sino de preguntarse por el sentido de la vida.

El agnosticismo es profundamente irracional, pues el hombre es un ser en busca de sentido. Quien, constantemente, desde hace varios miles de años, va encontrando cientos de sentidos para cientos de interrogantes, debe autoflagelarse sin preguntarse por el sentido más radical de Dios, el hombre y el mundo.

Los cristianos son cristianos por la gracia de Dios; los agnósticos lo son por la gracia (o la desgracia) de Kant.

Solo una jaula forzada puede impedir la pregunta y la respuesta sobre Dios. Las últimas respuestas a las últimas preguntas no son fáciles. Pero ningún conocimiento importante es sencillo. La dificultad no justifica la prohibición de andar por el camino cognitivo.


El dogma kantiano prohíbe pensar en Dios; no es que fustigue el politeísmo, o argumente contra el ateísmo, o ataque la racionalidad de un Dios uno y Trino. Prohíbe pensar en Dios. Es la inquisición más radical. Engendra una religión, la religión de los agnósticos, por la vía del no-pensamiento. Más vale desvariar sobre el sexo de los ángeles que prohibir el pensamiento.

Para Kant, solo podemos hacer ciencia del fenómeno -lo que aparece-, dejando lo que las cosas son, o la indagación sobre el ser de las cosas fuera del campo de la razón, de la ciencia. Kant no solo no anima a salir de la caverna platónica, sino que tapia la puerta de la caverna. No aconseja o prohíbe salir: lo hace imposible.

Al parecer Hume despertó a Kant de su sueño dogmático, pero el filósofo de Königsberg diseñó una caverna dogmática en que tiene encerrada a media humanidad. Este comienzo de tercer milenio puede ser un buen momento para romper la tapia kantiana que impide a la inteligencia leer entre los objetos del mundo.

El enjaulamiento kantiano ha desacreditado la razón, pues si la mente no puede descubrir lo que son las cosas en sí, más vale arrojarse en los brazos de la voluntad y las emociones; y poner a la razón al servicio de la experimentación maquinal.

Algunas consecuencias de la jaula mental son:

Convertir el método en la meta. Las disciplinas (intelectuales) se convierten en discursos del método. Lo importante es cómo enseñar, no lo que se enseña. Se convierte la ciencia en una farragosa declaración de principios (metodológicos). No se busca el conocimiento sino el proceso de aprendizaje.

El descriptivismo anula la interpretación, condenado al ser humano a quedarse en el vestíbulo del conocimiento.

El espíritu de geometría aplasta al de finura (Pascal); y los paradigmas se visten de científicos (Steiner), pese a que parten de mitos para explicar el hombre y su historia (marxismo, psicoanálisis y antropología cultural).



lunes, 8 de abril de 2013

De los Lais de María de Francia hasta Cervantes


Los Lais de María de Francia son doce deliciosos relatos en verso, primicias de la narrativa breve europea, escritos en francés y datados a finales del siglo XII.
Puede ser ilustrativo pensar en conexiones de estos relatos con la narrativa cervantina, prosa de madurez como corresponde al Quijote y a las Novelas ejemplares, pionera colección de novelas breves en castellano.

Enumeremos los Lais y tracemos algunas ligazones con Cervantes.

En los relatos Yonec y Guigemar hay un viejo celoso;  en el segundo relato es el marido de la amante de Guigemar, que nos evoca al celoso extremeño cervantino.
En Equitán leemos: “si cumpliese vuestro deseo, bien sé, no lo dudo, que pronto abandonaríais”, que nos lleva a la frecuente distinción cervantina entre amor y apetito.
En Fresno aparece una anagnórisis (reconocimiento) de un hijo, como vemos en la novela ejemplar La fuerza de la sangre.
En Bisclavret hay un hombre-lobo. Metamorfosis las encontramos en El licenciado vidriera y El coloquio de los perros.
En Lanval una mujer bellísima salva a Lanval de ser condenado. La gitanilla Preciosa, que hace honor a su nombre, intercede por su enamorado Andrés para que no sea ejecutado (en ambos casos con éxito).
En Los dos enamorados, el doncel sube la montaña con la hija del rey en brazos, prueba que termina en la muerte del joven, por insensato, pues no bebe la pócima oportuna. En Cervantes hay también pruebas de amor (los dos años que exige Preciosa a Andrés, viviendo como gitano), y bebedizos, la pócima que trastorna a Tomás Rodaja y lo convierte en licenciado Vidriera. En este relato aparecen los celos del rey, causa última de la desgracia. Conocida es la inquina cervantina por los celos.
En Milón aparece un amor extramatrimonial del que nace un hijo. Este será criado por la hermana de la madre. Al final, padre e hijo se reconocen tras un combate caballeresco. En la novela ejemplar La señora Cornelia hay también un recién nacido cedido y después reconocido.
En El desdichado hallamos una mujer amada intensamente por cuatro caballeros. La ilustre fregona cervantina será también requerida por varios enamorados.
Madreselva es el relato del enamorado que no puede vivir sin su amada; algo semejante ocurre con El amante liberal cervantino.
El iduc es el hombre de las dos mujeres, con final original; Fernando, en el Quijote también juega con dos mujeres: Dorotea y Luscinda, aunque aquí el final es muy distinto: acaba cumpliendo sus compromisos.

jueves, 4 de abril de 2013

Escaso teatro medieval


Leo en una historia de la literatura española que la escasez de obras teatrales medievales se debe a la acción de la Iglesia, que no ve con buenos ojos el género, al menos tal como se había desarrollado en la antiguedad griega y romana. El teatro que, según este autor, había sido una importante diversión para los antiguos, está prácticamente desaparecido en la Edad Media.

Estas reflexiones me parecen, de entrada, bastante reductivas. Porque una cosa es el teatro popular, véanse farsas, mimos, representaciones de cualquier índole... que existen siempre en cualquier sociedad, y otra bien diversa es el teatro compleja y verbalmente elaborado y representado de un Sófocles o un Plauto.

Este tipo de teatro no puede nacer ni desarrollarse en cualquier sociedad. De hecho, en Grecia, encontró un humus favorable en Atenas, tras largos siglos de épica, lírica, fábulas, fiestas y procesiones religiosas, filosofía, retórica... La tragedia y comedia griega nacieron en una ciudad amplia y populosa, con un gobierno fuerte, y unos recursos suficientes también para la edificación del recinto.
El teatro romano también precisó de determinadas condiciones.

Alborg, en su manual de Historia de la Literatura explica que:

a) el teatro fue decayendo a lo largo del Imperio Romano
b) paralelamente fueron aumentando representaciones de tipo más rudimentario y tono frecuentemente lascivo contra las que se pronunció la Iglesia en la antigüedad tardía.
c) son las celebraciones litúrgicas medievales las que impulsan el desarrollo del primer drama europeo (adviértase que tanto el teatro griego como el europeo poseen orígenes religiosos).

Alborg, que menciona cómo las partidas alfonsíes fustigan determinados abusos dramáticos, no menciona que la Iglesia vetara la representación de obras teatrales grecolatinas durante la Edad Media.

¿En qué medida se conocían? ¿Las hubiera entendido el pueblo? En sus lenguas originales evidentemente, no. ¿Respondían a la sensibilidad medieval? Lo dudo.

Al final de la Edad Media, en el Renacimiento y, sobre todo, en el Barroco, resurge de nuevo con fuerza el género teatral con obras semejantes en envergadura a las antiguas. Pero surge un teatro nuevo acorde a unas sociedades nuevas. ¿Es que la Iglesia no tiene peso en el Renacimiento y en el Barroco?

Lope, Tirso, Calderón, Shakespeare, Moliere... crean nuevas obras, con mayores o menores influencias grecolatinas, pero nuevas. El siglo XVII muestra una madurez cultural semejante a la del siglo V griego, tras una intensa producción literaria renacentista, tras unos escarceos cultos y populares del drama, y en medio de un movimiento estético tremendamente propicio a la escenografía y al drama.
Si el teatro griego es deudor de la épica homérica y de la lírica griega, de la mitología y de la filosofía; el teatro europeo es deudor de una sociedad cristiana, y está henchido de leyendas medievales. No casa ese antagonismo per se entre Iglesia y teatro cuando la iglesia triunfante tridentina y barroca ve nacer uno de los momentos cumbre del teatro universal.
Por lo demás, en nuestro suelo, la relación de Lope, Tirso o Calderón con la Iglesia no parece haber sido demasiado hostil... los tres abrazaron el estado clerical.

lunes, 1 de abril de 2013

Defensa de la lectura, de Pedro Salinas

Aunque Plinio el joven afirmaba que su tío, Plinio el viejo, decía que no hay un libro tan malo que no tenga algo bueno, lo cierto es que hay libros que poco aportan. Lo cual puede comprobarse con el deseo de tomar alguna nota que sentimos, (al menos yo), al leer... De modo que hay libros que no incitan a apropiarse de ninguno de sus textos; otros que mueven a tomar apuntes... Y, finalmente, aquellos que gustan tanto que ...lo copiaríamos entero.
Y esto me ha sucedido con Defensa de la lectura, de Pedro Salinas, extracto de su célebre El defensor.
Qué agudeza, qué talento, qué equilibrio.
Son tantas las notas que transcribiría, insisto, que solo puedo recomendar su lectura, valga la redundancia.
He aquí algún fragmento hallado en la red, gracias a Juan López Hoyos:


"Al principio fueron los monstruos. Cuando la naturaleza se ensaya y ejercita en sus caprichos creadores, empieza por dinosaurios: sus hijos primeros alcanzan tamaños fabulosos, dimensiones que amedrentan. La naturaleza no tiene medida, y desmandadamente se lanza a una orgía de tentativas, disparatadas, que acaban de mala manera. El Tetrabelodón, elefante de cuatro colmillos, lo cual, al parecer, le da ventaja notoria sobre el desgraciado y menesteroso elefante de dos, es un callejón biológico sin salida. Tanto le pesa la dentadura, que, para aguantarla, el pescuezo se le mengua y se le mengua, hasta que ya no puede alcanzar con la testa al suelo, y muere de grandeza. Mejor dicho, de exceso, de cantidad. Oportuno símbolo de imperios y soberbias. Así se extinguen otros graciosos animales de ese entonces. La Naturaleza se impone sus propios castigos, y el Megalosaurio y compañía sucumben, enfermos de tamaño, por desmesura, de puros monstruos que eran.
Cuando más adelante el hombre, sin duda más proporcionado y por las señas -que se llaman Historia- con algunos mejores condiciones de sobrevivir que el Megaterio, se pone él a crear, también se le va la mano. Las primeras civilizaciones inventan Estados enormes, erigen fábricas poderosas, como la torre de Babilonia; se afanan tras lo magno; pirámides y esfinges se empeñan por perdurar sobre las arenas hasta hoy día, como lecciones de exorbitancia. A los leones asirios responden los colosos egipcianos, modelos del rodense. Pero los griegos son los grandes maestros de la medida. Ellos descubren, antes que nadie, que la grandeza puede muy bien no consistir en el tamaño, y que la belleza de la forma casi nunca se encuentra en la disformidad. La preocupación de la escultura griega por los cánones es una de las más hermosas páginas de la historia del hombre. Preciosa es entre toda la noción de la medida, certero camino hacia la verdad. Las ciencias progresan al compás del arte de medir; de medir cada vez mejor y con más precisión. Diríase que los humanos tienen ya superada la etapa de lo monstruoso, y que el hombre se ha decidido a ser como uno de ellos, eminente, dijo: "Medida de todo lo humano" .
Y sin embargo, ese arte de la medida, que se va defendiendo tan maravillosamente en el gótico, y en el mismo vórtice del barroco, hasta el siglo XIX, ha llegado hoy día, en este preciso momento, al borde de su mayor riesgo. Porque el hombre del siglo XX se ha enamorado de los monstruos, y adora el tamaño, sobre todas las cosas. De emblema le serviría el Coloso, con la leyenda no en griego, sino en inglés de América: "The bigger, the better". Cuanto más grande, mejor. Trágico lema, manantial de confusiones sin cuenta, aunque sí con cuento, de la humanidad moderna".
"La tierra se vuelve a poblar de monstruos. Ahora no son hijos de la naturaleza: son artifechos, artefactos, criaturas del hombre".

El asno de oro y el Quijote

Cualquier parecido entre El asno de oro de Apuleyo y el Quijote la veo como pura coincidencia... Ciertamente, en ambas novelas -que novelas son...-, hay una metamorfosis: de Lucio en asno (y vuelta), y de Alonso Quijano en don Quijote (y vuelta). Pero Lucio es un personaje plano, un narrador observador, que no evoluciona; una voz que cuenta lo que ve: un espectáculo a menudo desolador, un espacio de crueldad y de pillaje, unas relaciones humanas cargadas de desafecto.
El Quijote, en cambio, nos presenta personajes vivos. Los protagonistas evolucionan, ofrecen diversas facetas -particularmente el caballero.
Me llama la atención la estrechez del espacio existencial de El asno de oro. Machaconamente asiste una Fortuna caprichosa, ciega e implacable, que solo suelta sus siniestras riendas en el final del relato. El Quijote pinta un mundo completamente diverso, con una anchura inconmensurable. Hay un Dios, providente, que no aplasta al ser humano. Hay un espacio mucho mayor de libertad, donde cabe que cada uno se forje su propia fortuna, pensamiento, por cierto, procedente de los labios de Apio Claudio el Ciego y que supone una de las principales claves interpretativas de la obra cervantina.
Sí, los odres que combate don Quijote pueden proceder de Apuleyo; y algunos detalles más: rasgos cómicos, ciertas expresiones... Pero creo que son obras pertenecientes a universos muy diferentes.