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jueves, 15 de diciembre de 2016

Alicia en el país de las maravillas digitales

leo La Sociedad 2.0


Alberto Ramírez Martinell

En un modelo tradicional, el lector va a una librería, elige un libro, lo paga y difícilmente se comunica con el autor y de igual manera el pago en su totalidad no le llega al autor quien solamente recibe un porcentaje de regalías. En una sociedad moderna, —en una sociedad 2.0— el lector sigue al autor en Twitter, se entera de las novedades editoriales, ve la aceptación que la comunicad tiene de la nueva obra y descarga el libro directamente del portal del autor o de un servicio de red al que tanto autor como lector pertenecen.

comento
En una sociedad moderna, —en una sociedad 2.0— el lector sigue al autor en Twitter [¿qué particular interés tiene seguir al autor en Twitter? Además, la mayor parte de los autores están muertos, no puedo seguirlos en twitter], se entera de las novedades editoriales [también nos enteramos de las novedades editoriales en una librería, con la ventaja de que podemos hojear el libro por completo, sin limitarnos a la portada o a una visión restringida, que es lo que me ofrece internet], ve la aceptación que la comunicad tiene de la nueva obra [¿qué me aporta ver la aceptación de la comunidad? Por lo demás, la comunidad no existe: existen personas singulares que escriben y opinan, como en el bar del pueblo, donde unos pocos llevan la voz cantante] y descarga el libro directamente del portal del autor o de un servicio de red al que tanto autor como lector pertenecen [este país de las maravillas digitales no es el mundo real: los lectores piratean los libros y los autores ganan aún menos que con el papel].

Curiosamente se habla de todo menos de leer el libro. El planteamiento es mercadotécnico y relacional. Pero precisamente la lectura de un libro nos sumerge en nuestra propia intimidad y en la intimidad del autor. El hombre es un ser social, pero, antes, personal.




Continúa el artículo:
Gracias a lo digital, la comunidad se extiende, trasciende y se suma. Se vuelve una masa con opiniones y con experiencias. Se vuelve influencia de si misma para la toma de decisiones. La masa informa. La masa asesora. La masa influye.

comento
En el caso de que la masa opinara (lo cual es imposible, porque la opinión es personal), su opinión sería la del hombre-masa (léase La rebelión de las masas de Ortega y Gasset), la de la caverna (léase La república de Platón), o la del vulgo (léase a Séneca), o sea, una pulsión más que una opinión. Sustituir el criterio de los grandes maestros por el de "la masa" suena tan democrático como falso. ¿Cuál es el objetivo, ser una célula de la masa, o ser una persona con juicio y gusto propio? La inmersión placentera en la caverna es opuesta al placer del libro. A estos efectos, leo hoy una lúcida frase de Hannah Arendt Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política, Península, Barcelona, 2003, p. 143.

"una sociedad de masas no es sino esa clase de vida organizada que se establece, de modo automático, entre los seres humanos que aún están relacionados entre sí pero han perdido el mundo que había sido común a todos ellos".
  concluyo
El autor constata el cambio, pero no lo critica. El autor profetiza el cambio y se adhiere a él con el fervor con que unos aspiraban a una sociedad sin clases y otros aspiran hoy a una sociedad sin géneros. La cuestión es que el ser humano, aparte de súbdito del Estado,  consumidor del Mercado y corifeo del gurú de moda, es homo (o mulier) sapiens, por tanto, no tanto un surfista que sabe adaptarse a los cambios como un timonel que aspira a gobernar los cambios.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Cervantes y el psicoanálisis

Es verosímil que la lectura de la literatura cervantina inspire a Freud en su articulación del psicoanálisis, como explica Jorge Casesmeiro.

Cuestiono, sin embargo, la relevancia del elemento judío en esa conexión, por varias razones.

1) Un cristiano, occidental, europeo... no necesita ser judío ni filojudío para poseer en su forma mentis numorosos elementos judíos, ya que la Biblia y la exégesis bíblica han impregnado la cultura occidental. El judaísmo es la matriz del cristianismo. Se pueden compartir muchos prius judíos sin ser judío.

2) No conozco argumentos definitivos para aseverar que Cervantes fuera un judío converso. No hace falta ser judío o filojudío para ironizar sobre la inquisición. Creo que el islam está más presente en Cervantes que el judaísmo.

3) La conexión de Freud con Cervantes y con el subconsciente no ha de ser preponderantemente judaica porque el romanticismo alemán ha consagrado el Quijote como novela primordial, y la literatura como fuente de inspiración vital y científica, ha exaltado el sueño frente a la vigilia, a la emoción sobre la razón, a la nación por encima de la cristiandad, al pueblo frente al Estado, ha otorgado a la cultura funciones santificantes que enaltecen la lengua... Intuyo que el psicoanálisis tiene más raíces románticas que judaicas.

4) La hermenéutica no es solo un invento judío. Hermenéutica han hecho también los filósofos griegos, los teólogos y filósofos cristianos e islámicos. Exégesis bíblica han hecho, hasta la extenuación, también teólogos cristianos.

5) No veo en el Quijote una crítica al cristianismo desde el judaísmo. El Quijote es muchas cosas.

  • Una critica literaria en acción. 
  • Un litigio entre medievalismo y humanismo. 
  • Una constatación del declive del modelo del caballero. 
  • Una crítica de la lectura literal frente a la simbólica, etc, etc.
6) El judaísmo es una religión más discursiva que icónica. La religión griega y romanas son más icónicas que discursivas. Pero la filosofía griega es notablemente discursiva. Por eso los padres de la Iglesia pueden hacer exégesis bíblica y teología con categorías también griegas, porque en lo discursivo convergen judaísmo y filosofía griega. La enorme capacidad hermenéutica de la literatura cervantina y freudiana no tienen solo una matriz judía.


martes, 1 de noviembre de 2016

El efecto de Athony Miles, una obra de Rafael de la Torre

Por Pilar Martinez Manzanares. @pilar_manza
Rafael de la Torre ha llegado para quedarse. Con El efecto de Anthony Miles propone una auténtica revolución en el mundo de la literatura. Su lenguaje sencillo y claro propone una trama  que fácilmente se adentra en el alma y mente de los verdaderos amantes de la escritura. Una obra que llena, que encoge el corazón y provoca una catarsis en el lector. Una nueva novela que se puede encontrar en Amazon.es.

La trama se erige sobre una crítica político-social, un auténtico placer para aquellas personas cuyo sentimiento de lucha sigue intacto. Un placer que palabra tras palabra bien podría recorrer la situación económica española. El látigo sarcástico de Rafael de la Torre sacude cada rincón de la vida de los protagonistas así como a culpables de sus penurias y lamentaciones. Los personajes que se abren ante nuestros ojos se presentan con un ritmo rápido, sin pausa, amigos que llegan hasta nosotros a través de las descripciones puras y sin artificio de su creador, Rafael de la Torre.
Página tras página se nos presenta a John, ingeniero, viajero y hasta jugador profesional de ajedrez. Ahora se gana la vida como reportero gráfico.  Marisa, joven dispuesta a descubrir el tratamiento del cáncer, se ha de conformar con ser la boticaria en la farmacia de don Cosme, su padre.  Antonio, informático, fue despedido de su empresa debido a un ERE.  Nicanor, un periodista que quería ser detective, ha acabado de antidisturbios…
Y todos ellos han acudido, por diferentes motivos, a una de las manifestaciones que tienen lugar casi a diario en Madrid y durante la cual varios de los asistentes resultarán heridos. John y Antonio -contusionado en los altercados- se asocian en una investigación detectivesca sobre la identidad de una persona herida de gravedad  y sobre cómo se desencadenó el conflicto en lo que en principio iba a ser una protesta pacífica.
No solamente nos encontramos con la historia de los dos compañeros detectives y de la víctima, sino con la crónica contemporánea -desde diversos puntos de vista de los que la sufren- de la crisis política, social y económica de nuestros días, y de cómo se ha llegado a la actual situación de máxima tensión que ha acabado por explotar.
Sin lugar a dudas nos encontramos frente a una obra de características excepcionales, totalmente recomendable para aquellas personas que quieran sumergirse en la situación que millones personas viven actualmente en este país. Un libro que mueve conciencias, sentimientos y erige frente al lector el muro de las injusticias sociales.


martes, 18 de octubre de 2016

Antonio de Guevara: "...no ay otra tan verdadera sciencia como saber el hombre muy bien ordenar su vida"

Fuente

Dime, yo te ruego, señor: ¿para qué los hombres deprenden a hablar griego, trabajan por entender el ebrayco, sudan en la lengua latina, gastan tanto tiempo en Grecia, mudan tantos maestros, rebuelven tan diversos libros y consumen en los estudios tantos dineros y años, si no es para saber passar la vida [899] con honra y tomar después la muerte con paciencia? El fin porque los hombres han de estudiar ha de ser para deprender bien a vivir; porque no ay otra tan verdadera sciencia como saber el hombre muy bien ordenar su vida. ¿Qué aprovecha saber yo mucho si de aquel saber yo no saco provecho? ¿Qué aprovecha saber hablar todas las lenguas estrañas si no refreno yo mi lengua de hablar en vidas agenas? ¿Qué aprovecha estudiar en muchos libros si no estudio para más de para engañar a mis próximos? ¿Qué aprovecha saber las propriedades de las estrellas y los cursos de los elementos si no me sé guardar de los vicios? Finalmente digo que aprovecha muy poco preciarse uno de ser maestro de sabios y que en secreto le motejen ser discípulo de locos. La summa de toda la philosophía consiste en servir a los dioses y no ofender a los hombres. Pregúntote, Sereníssimo Príncipe: ¿qué aprovecha al piloto saber el arte de marear y después perescer en la tormenta? ¿Qué aprovecha al esforçado capitán blasonar mucho de la guerra y después no saber dar la batalla? ¿Qué aprovecha a la guía enseñar a otros el atajo y después perder él el camino? Todo lo que digo por ti, señor, lo digo, ca ¿qué aprovecha que teniendo entera la vida sospiravas por la muerte, y agora que se te ofrece la muerte estás llorando por la vida? Una de las cosas en que los hombres prudentes muestran su prudencia es en saber amar y saber aborrescer; porque es muy gran poquedad, y aun aýna diría liviandad, amar oy aquello de que blasfemavan ayer, y blasfemar mañana de lo que adoravan oy.

 

lunes, 10 de octubre de 2016

caballero y cortesano, explicado por don Quijote

El caballero es el gran personaje medieval, emparentado con el héroe homérico, pero diferente. El cortesano es un importante modelo renacentista, relacionado con el caballero pero diferente. La diferencia entre caballeros y cortesanos está bien trazada por don Quijote en su conversación con su sobrina en el capítulo 6 de la segunda parte del Quijote:

–Mira, amiga –respondió don Quijote–: no todos los caballeros pueden ser cortesanos, ni todos los cortesanos pueden ni deben ser caballeros andantes: de todos ha de haber en el mundo; y, aunque todos seamos caballeros, va mucha diferencia de los unos a los otros; porque los cortesanos, sin salir de sus aposentos ni de los umbrales de la corte, se pasean por todo el mundo, mirando un mapa, sin costarles blanca, ni padecer calor ni frío, hambre ni sed; pero nosotros, los caballeros andantes verdaderos, al sol, al frío, al aire, a las inclemencias del cielo, de noche y de día, a pie y a caballo, medimos toda la tierra con nuestros mismos pies; y no solamente conocemos los enemigos pintados, sino en su mismo ser, y en todo trance y en toda ocasión los acometemos, sin mirar en niñerías, ni en las leyes de los desafíos; si lleva, o no lleva, más corta la lanza, o la espada; si trae sobre sí reliquias, o algún engaño encubierto; si se ha de partir y hacer tajadas el sol, o no, con otras ceremonias deste jaez, que se usan en los desafíos particulares de persona a persona, que tú no sabes y yo sí. Y has de saber más: que el buen caballero andante, aunque vea diez gigantes que con las cabezas no sólo tocan, sino pasan las nubes, y que a cada uno le sirven de piernas dos grandísimas torres, y que los brazos semejan árboles de gruesos y poderosos navíos, y cada ojo como una gran rueda de molino y más ardiendo que un horno de vidrio, no le han de espantar en manera alguna; antes con gentil continente y con intrépido corazón los ha de acometer y embestir, y, si fuere posible, vencerlos y desbaratarlos en un pequeño instante, aunque viniesen armados de unas conchas de un cierto pescado que dicen que son más duras que si fuesen de diamantes, y en lugar de espadas trujesen cuchillos tajantes de damasquino acero, o porras ferradas con puntas asimismo de acero, como yo las he visto más de dos veces. Todo esto he dicho, ama mía, porque veas la diferencia que hay de unos caballeros a otros; y sería razón que no hubiese príncipe que no estimase en más esta segunda, o, por mejor decir, primera especie de caballeros andantes, que, según leemos en sus historias, tal ha habido entre ellos que ha sido la salud no sólo de un reino, sino de muchos.



Tampoco los caballeros son del mismo valor. Sigue explicando el caballero en el mismo capítulo:

...no todos son corteses ni bien mirados: algunos hay follones y descomedidos. Ni todos los que se llaman caballeros lo son de todo en todo: que unos son de oro, otros de alquimia, y todos parecen caballeros, pero no todos pueden estar al toque de la piedra de la verdad. Hombres bajos hay que revientan por parecer caballeros, y caballeros altos hay que parece que aposta mueren por parecer hombres bajos; aquéllos se llevantan o con la ambición o con la virtud, éstos se abajan o con la flojedad o con el vicio; y es menester aprovecharnos del conocimiento discreto para distinguir estas dos maneras de caballeros, tan parecidos en los nombres y tan distantes en las acciones.


En Don Quijote frente a los caballeros de los tiempos modernos de Francisco Vivar (Ediciones Universidad de Salamanca, 2009), pág. 24 leemos:

Don Quijote sólo tiene como modelos de vida al guerrero y al santo, son los únicos que él se plantea seguir porque el caballero andante es santo y héroe. Sin embargo. El Cortesano publicado en 1528 o El Enquirídión (1503), dos libros situados en una época de transformación social, ponen en evidencia la decadencia de estas dos figuras: el caballero necesita adaptarse a las exigencias militares y religiosas del mundo moderno. Por lo tanto, el antiguo caballero o se transforma en cortesano y en hombre cristiano o, por el contrario, le será difícil encontrar su lugar social^. El individuo aparece en el Renacimiento, y según va pasando el tiempo se hace evidente que los ideales heroicos van a ser sustituidos por la felicidad personal que proporcionan los placeres cotidianos.
Como observamos ya claramente a mitad del siglo xix: el ideal heroico ha sido sustituido por el ideal burgués.
A lo que objeto que, a mi parecer, don Quijote tiene como modelo a los caballeros andantes, quienes, habiendo surgido en una era cristiana y estando relacionados con los modelos del santo y del mártir (véase el Libro del caballero de Llull), no se identifican con ellos. Ya hemos visto que hay diferentes tipos de caballero por boca del propio don Quijote. No veo esa identificación entre caballero, santo y mártir.  El caballero es un mito literario. El santo y el mártir son personajes reales que han entrado en la literatura con el consiguiente proceso de ficcionalización. Pero identificar los tres modelos no me parece exacto. Es verdad que el cortesano suplanta al caballero, pero la evolución no es primordialmente de tipo religioso. El cortesano tiene más base histórica que el caballero. Responde a una vida cortesana de unas monarquías en proceso de fortalecimiento, y en medio de una cultura humanista que humaniza las costumbres, y añade a lo heroico el cultivo de las letras y las artes.


 También es verdad que la burguesía medieval está hibridada de caballerosidad, ideal aristocrático que pierde el capitalista contemporáneo. ¿Convertir la prosa de cada día en verso heroico no significa recuperar el heroismo que anidaba en los modelos antropológicos precapitalistas y asentarlos en la vida cotidiana de los hombres anónimos?


Vivar describe bien el ideal heroico de don Quijote en la pág 36:

Sin embargo, para don Quijote lo importante son los ideales heroicos. Él vive atrapado en su memoria y en la voluntad que tiene de «recuperar» los valores de la caballería. Si don Diego vive en el presente porque no ve otra posibilidad de existencia sino acomodarse a la circunstancia, don Quijote no se doblega al presente y ajusta su destino de acuerdo con los ideales de la caballería.
Aunque viva en una «edad de hierro» cree que con su voluntad de héroe podrá instaurar los ideales de una «edad de oro».

Prefiere lo ideal a lo real. Este es su proyecto: acomodar la realidad a sus ideales e influenciar la realidad para transformarla. La manera más evidente de mostrar su proyecto a los demás es a través de la aventura. Esto es así, porque como señala Ortega y Gasset «la aventura quiebra como un cristal la opresora insistente realidad. Es lo imprevisto, lo impensado, lo nuevo. Cada aventura es un nuevo nacer del mundo, un proceso único». El héroe busca la aventura, la gente común la vida ordenada del presente.
La aventura frente al mundo repetitivo de los hechos humanos.
 
Vivar, 99: 

La libertad elegida por don Quijote [cuando decide abandonar el palacio de los duques] supone la victoria de la existencia sobre la actuación, de la autenticidad sobre el artificio. [...Los duques] No desean regresar a la opacidad de la rutina, prefieren el brillo de la fiesta.
 








miércoles, 5 de octubre de 2016

Sale a la calle "El curioso impertinente", novela cervantina incluida en el Quijote, prologada y editada por Antonio Barnés

Un marido insta a su íntimo amigo a que corteje a su esposa, para comprobar si la lealtad de su fiel mujer es realmente enteriza.
Esta novela se lee en corro en una venta, durante la primera parte del Quijote, y se publica aquí íntegramente. Cervantes construye
con este relato una parábola sobre el cambio de paradigma de la prudencia humanista al experimento moderno.


martes, 4 de octubre de 2016

¿Hay progreso en la historia?

 
Agustín Basave Fernández del Valle
 
La modernidad se desenvuelve dentro de una voluntad de progreso. Tiene la arraigada creencia de que la humanidad ha progresado y seguirá progresando. Pero no se ha detenido a examinar la idea de progreso.

Progresar es encaminarse hacia un término. Sin movimiento no hay progreso. Pero moverse implica un estadio anterior y una meta. Si el sujeto que se mueve volviera al punto de partida, habría un retroceso o regreso; si marchara «hacia delante» habría un progreso.

Ha dicho Manuel García Morente, en frase gráfica, que el tiempo es «el lecho cósmico en donde el cambio se verifica». Todo cambio o movimiento se dirige hacia el futuro. Pero el futuro no es meta, sino dirección. Para que haya meta es preciso una actuación inteligente que se proponga un fin preferido y que seleccione los medios adecuados. «En suma: el progreso es la realización del reino de los valores por el esfuerzo humano».114 Progresar no es ser más, sino ser mejor. Ser mejor el hombre, la vida humana.

Ingenuamente se ha pensado desde fines del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX que la humanidad ha progresado   —228→   totalmente porque se han realizado progresos particulares. Es preciso hacer un poco de luz en ese confuso y parcial acopio de éxitos.

No se puede hablar de progreso moral. No se puede decir, por ejemplo, que el hombre del siglo XX es más moral que el hombre del siglo IX. Y es que no es la humanidad el sujeto de la moral, sino el hombre concreto de carne y hueso, el ente singular que, aunque tenga la misma estructura permanente de todo hombre, decide libre e imprevisiblemente... Tampoco cabe decir que el arte de nuestros días es muy superior, por ejemplo, al arte de Miguel Ángel o de Leonardo da Vinci. Ni tendría sentido afirmar que la filosofía de nuestros días es muy superior a la filosofía de Platón o de Aristóteles. Y es que cada artista o cada filósofo vuelve a plantearse, en carne viva, los eternos problemas del arte o de la filosofía. Lo mismo puede afirmarse de la literatura. ¿A qué se reduce, pues, el progreso? Progresa la ciencia, progresa la técnica. El hombre de nuestros días maneja técnicas cuyos fundamentos ignora, pero cuyos resultados aprovecha. «El auténtico pensamiento desaparece de la cultura. La difusión inaudita de una “pseudo ciencia” formularia e instrumental logra la temible victoria de enseñar y aprender eliminado el pensamiento. Y el hombre moderno maneja las leyes naturales, sin penetrar su sentido, como el conductor de tranvía gobierna corrientes eléctricas, de las que no tiene la menor noción».115 Los hombres de nuestro tiempo idolatran la velocidad, justamente porque creen que les llevará al progreso, aunque en realidad sólo hayan contraído una enfermedad; la insaciable prisa. Sin sentirse llamada a ninguna meta específica, sin vocación clara, la humanidad de nuestros días se ha tornado esclava del progreso; de un progreso sin sentido: ¡progreso por el progreso! Mientras tanto, el presente se evapora en aras de un progresismo inocente y filisteo.

Un verdadero progreso presupone una meta clara, fija y trascendente. La historia conduce a un fin suprahistórico y extratemporal.
 
 
 

La pseudodoctrina del progreso diviniza el futuro y espera el advenimiento de un estado perfecto. En una época que no se precisa, la historia universal de la humanidad habrá   —229→   resuelto todos sus problemas. Lo que cuenta es el hombre futuro. Las generaciones presentes son simples eslabones sin ninguna finalidad propia. Indígnase, y con razón, Berdiaeff ante tamaño dislate: «¡Qué injusticia tan monstruosa sería la de admitir en los arcanos de la vida divina a las generaciones situadas en la cumbre histórica únicamente! Esta manera de considerar el progreso podría verdaderamente conducirnos a dudar de la providencia divina, puesto que una divinidad que hubiérase negado a todas las generaciones humanas, admitiendo en su seno únicamente a la generación históricamente más avanzada, sería una divinidad vampiresa, llena de falsía y violencia con respecto a una mayoría aplastante de la humanidad».116 Al fetichismo del progreso, Berdiaeff opone el ideal cristiano fundado sobre el término de la tragedia histórica, con todas sus dolorosas contradicciones, participando de este final glorioso todas las generaciones humanas, sin excepción alguna, que llegarán a reunirse en la vida eterna. Cada generación, cada hombre, tiene su fin propio y la razón de su existencia. Es un error monstruoso hacer de las generaciones presentes un simple instrumento para formar las generaciones futuras. Si el destino humano tiene que resolverse en la eternidad, hemos de considerar a la historia como un camino que nos ha de conducir a otro mundo -a nosotros y a los que vengan después- sin esperar lograr ningún estado perfecto en el proceso histórico. En el transcurso de la historia, todas las generaciones humanas tienen sus relaciones y sus vínculos propios con la trascendencia. La historia no es un carrete de hilo que pueda desenvolverse infinitamente. La historia tiene un sentido positivo tan sólo porque tiene un desenlace.

lunes, 3 de octubre de 2016

El hombre, que viene a la vida en un mundo sin sentido, dedica su vida a dar sentido al mundo. Tal es la esencia del progreso.

Manuel García Morente, Ensayos sobre el progreso, Ediciones Encuentro, Madrid, 2002.

pág. 24: Gran parte de lo que hoy hacemos, pensamos y preferimos viene condicionado por nuestra concepción básica del progreso como ley de desarrollo y como imperativo de acción.

p. 35: El progreso es un movimiento hacia una meta.

p. 40: Lo que da sentido a las nociones de progreso y de retroceso no es el tiempo, no es el continente, no es el puro momento del antes y el después, sino cierta estimación o preferencia que los unos pueden sentir por la vida, los otros por la muerte, los otros por la robustez del cuerpo. La vida transcurre en el tiempo; pero lo que define sus segmentos como progresos o retrocesos no es el puro transcurrir -el tiempo-, sino cierta meta, cierta estimación, cierta finalidad, que se pone en lo que dentro del tiempo transcurre.

p. 42: Así como el futuro en el mero tiempo no es meta del progreso, justamente por carecer de contenido, así el movimiento puro o mero cambio no puede tampoco ser por sí solo quien marque el sentido del movimiento. Los cambios de la cosa, considerados estrictamente como simples cambios, pueden interpretarse en uno u otro sentido, según se quiera.

p. 62: El mero cambio cuantitativo, el aumento en cantidad, no es progreso. ... El progreso no consiste en el ser más, sino en el valer más, en el ser mejor.

p. 64: La idea de progreso implica no sólo un cambio, sino una reiteración en el logro sucesivo de mejores realizaciones de los más valiosos valores.

p. 67: El progreso no reside en la cosa misma, sino en la conversión de la cosa en bien.

p. 68: La mayor parte de los objetos que nos rodean en la vida no son cosas, sino bienes, es decir, cosas con valor; o males, es decir, cosas con disvalor.

p. 69: Los valores constituyen el criterio del progreso; pero no progresan ni regresan. ... El valor belleza constituye una unidad irreal absoluta que no por hallarse en el tiempo ni en el espacio, por ser irreductible a las categorías del ser y del estar, no puede sucumbir al juicio de progreso.

p. 73: Lo estrictamente mecánico es explicable, pero incomprensible; tiene causa, pero no tiene sentido; es, pero no se justifica. Lo natural considerado en sí mismo, es absurdo.

p. 74: El fenómeno en su sentido íntimo inteligible no está en la ley mecánica de su producción, sino en el nexo total de su significación.

p. 75: El darwinismo convierte la biología en física. Por eso anula en ella la noción de progreso, que implica justamente la idea de una actividad enderezada hacia un fin valioso, esto es, la idea de una historia.

p. 76: La vida es un proceso con sentido inteligible.

p. 78: El animal no inventa; por eso no progresa.

p. 80: El hombre es el único animal cuya vida está al servicio de algo que no es la vida.

p. 80.81: El hombre, que viene a la vida en un mundo sin sentido, dedica su vida a dar sentido al mundo. Tal es la esencia del progreso.

p. 81: El progreso es la colonización del mundo y la educación del hombre. Y si a esta labor queremos darle el nombre de cultura, entonces puede decirse, con plenitud de sentido, que el progreso es el perfeccionamiento de la cultura.



Todo progreso hace referencia a una meta. Tal es la meta, cual es el progreso. El progreso es parcial, no total. Si mi meta es licenciarme, progresaré en la medida en que me licencie. Pero que conquiste ese progreso no significa que todo en mí sea progreso. Mientras me licencio puede ir desarrollándose en mí una enfermedad, y estar retrocediendo en relación a la salud. Se predica el progreso con relación a la meta. El progreso no cohonesta la meta. Puedo progresar en mi meta de erradicar la malaria, y puedo progresar en mi meta de erradicar una raza. El progreso no es ni bueno ni malo, depende de la meta a la que se dirija.
Por eso, exaltar el cambio, el cambio por el cambio, es absurdo. Hay que examinar la meta, no el hecho de cambiar. El ser humano nace, crece, se desarrolla y muere. Está en continuo cambio, y el cambio le conduce a la muerte.
Si la meta es acabar con el analfabetismo, se progresará en la medida en que el analfabetismo se reduzca y aun se elimine. Si la meta es que todos los jóvenes obtengan un título universitario, se progresará en la medida en que se cumpla ese objetivo. Ahora bien, si muchos titulados no encuentran trabajo porque no hay empleo para tantos titulados, ¿es un progreso establecer la meta de que todos se gradúen?
La innovación no es buena por ser innovación, sino por ser buena.
Saber idiomas es positivo, pero saber idiomas es instrumental. Lo importante no es que se sea capaz de hablar varios idiomas, sino de que se sea capaz de construir un discurso coherente e interesante en varios idiomas. Se puede ser un tonto en cinco idiomas.
Hay algo más importante que saber idiomas y es saber hablar bien el propio idioma, y saber leer, que no es decodificar signos, sino entender lo que se lee. Saber quiénes somos, de dónde venimos y adónde queremos ir (no solo adónde nos llevan la vida y los poderes fácticos). Para saber quiénes somos y de dónde venimos necesitamos saber historia, literatura, arte, filosofía. Saber es saborear, saber es asimilar. Saber no es ser un saltimbanqui de google, un diletante digital. Para saber hace falta leer palabras abstractas y no solo divertirse entre imágenes.
Para los renacentistas el progreso era el regreso a los clásicos. El progreso depende de la meta, no del cambio ni del futuro. Es más inteligente inspirarse en lo que ya ha sido que en lo que está por venir y por tanto no es.
La fe en el futuro es un sustitutivo de la fe en la vida eterna. Pero como el futuro no existe, la fe en el futuro es fe en la nada.

domingo, 18 de septiembre de 2016

"Lo más bajo nos parece lo más verdadero" (Denis de Rougemont)

Nosotros, los herederos del siglo XIX, somos todos más o menos materialistas. Si se nos muestran en la naturaleza o en el instinto esbozos toscos de hechos “espirituales”, inmediatamente creemos disponer de una explicación de tales hechos. Lo más bajo nos parece lo más verdadero. Es la superstición de la época, la manía de “remitir” lo sublime a lo ínfimo, el extraño error que toma como causa suficiente una condición simplemente necesaria. También es por escrúpulo científico, se nos dice. Hacía falta eso para liberar al espíritu de las ilusiones espiritualistas. Pero me cuesta mucho apreciar el interés de una emancipación que consiste en “explicar” a Dostoievski por la epilepsia y a Nietzsche por la sífilis. Curiosa manera de emancipar al espíritu, esa que se “remite” a negarlo.

Denis de Rougemont, El amor y Occidente, Círculo de lectores, Barcelona, 2003.


lunes, 12 de septiembre de 2016

Cursos de Verano 2016 En torno a Miguel de Cervantes en el IV centenario de su muerte: Cervantes entonces y ahora

Programa

Martes 13 de septiembre

17.30 a 18.00 h.Apertura del curso
18.00 a 19.15 h.Cervantes, recreador de mitos
D. Antonio Barnés Vázquez
Universidad de Castilla la Mancha
19.15 a 20.15 h.La Odisea de Cervantes
D. Pedro Conde Parrado
Universidad de Valladolid

Miércoles 14 de septiembre

18.00 a 19.15 h.Asuntos de literatura en el ‘Quijote’
D. Miguel Ángel Muro Munilla
Universidad de La Rioja
19.15 a 20.15 h.Cervantes: En un lugar de la pantalla
D. Bernardo Sánchez Salas
Universidad de La Rioja

Jueves 15 de septiembre

18.00 a 19.15 h.El español de Cervantes y el español de hoy 
D. Ricardo Mora de Frutos
Doctor en Filología y Profesor de Literatura
19.15 a 20.15 h.
Cervantes en su literatura o la escritura como palimpsesto
D. Francisco Javier Escobar Borrego
Universidad de Sevilla

Fundación de la Universidad de La Rioja
Avenida de la Paz, 107
26006 Logroño (La Rioja) España
Tel: + (34) 941 299 242
Fax: + (34) 941 299 183
E-mail: cursosdeverano@unirioja.es
Con el patrocinio de

domingo, 4 de septiembre de 2016

Humanismo en el Renacimiento español (Joseph Pérez)

Joseph Pérez, Humanismo en el Renacimiento español, Gadir, Madrid, 2013.

pág. 12: El marqués de Santillana, Íñigo López de Mendoza (1398-1458) "se jactaba de haber sido el primero en difundir en España la Eneida de Virgilio, las Metamorfosis de Ovidio y las Tragedias de Séneca".

p. 37:  La sociedad renacentista queda caracterizada por tres circunstancias que no siempre se han valorado exactamente: es una sociedad predominantemente aristocrática; es una sociedad en las que las preocupaciones religiosas conservan mucha importancia; y, por fin, es una sociedad en que la técnica ocupa un lugar muy destacado.

p. 38-39: La sociedad renacentista ha sido mucho más religiosa de lo que se pensaba; el retorno a la Antigüedad no significó pues una vuelta al paganismo ni un avance del libre pensamiento.

p. 136: Esta ha sido desde un principio la preocupación dominante del humanismo: decir cosas fundamentales y decirlas de tal forma que todos las puedan entender, en una lengua clara, bella y elegante.

p. 188-189: El humanismo español, representado por el autor desconocido del Viaje de Turquía, se adelanta así a los Montaigne, Descartes, Montesquieu y Voltaire..., en los que se suele ver a los iniciadores de la idea moderna de civilización europea opuesta a la barbarie: neutralidad religiosa, secularización del orden y de la acción pública, principios idénticos de moral social y personal.

Ver: Erasmo, Moro y Vives

Comentario

Según Pérez, la idea moderna de civilización europea opuesta a la barbarie conlleva:
neutralidad religiosa,
secularización del orden y de la acción pública,
principios idénticos de moral social y personal.

Admitamos que el confesionalismo religioso implica barbarie, barbarie que se elimina con la neutralidad religiosa. Entonces, cuando Napoleón invade media Europa para imponer su modelo de Estado; los estados europeos colonizan medio mundo para ampliar su mercado; el nacionalsocialismo invade media Europa para someterla a su Estado y la Unión Soviética ocupa media Europa para someterla a su poder, entonces, ¿ya no hay barbarie? ¿es esa la idea moderna de civilización europea? ¿se trata de una barbarie semejante a la de las guerras de religión? ¿menor, superior?

Parece ser que la modernidad consiste en sustituir la hegemonía de la iglesia de Roma por la sucesiva hegemonía del Estado francés, del Estado alemán y del Estado soviético. Entonces, ¿dónde está el gen de la barbarie, en la religión, en el ser humano, en la absolutización del Estado?

Principios idénticos de moral social y personal. ¿Cuándo ha habido en la Edad Contemporánea unos principios idénticos de moral social y personal? La lucha feroz entre aristocracia y burguesía, entre antiguo y nuevo régimen, entre capitalismo y socialismo, entre nazis y judíos, entre comunistas y demócratas, entre eslavos y no eslavos... ¿Ese escenario de confrontación contemporánea conlleva unos principios idénticos de moral social y personal? Que yo sepa, nunca ha habido principios idénticos de moral social y personal. Ahora bien, lo más parecido a ello ha sido la cristiandad medieval, en que había un sustrato cristiano debajo del mosaico de naciones y lenguas que la conformaban. El luteranismo quebró la unidad cristiana, y la Ilustración preparó un futuro en el que la religión no ocupase el corazón de la cultura. Entonces, ¿cuál ha sido el sustrato de la Edad contemporánea europea? ¿La libertad, la igualdad, la fraternidad? El estatalismo, el nacionalismo, el capitalismo, el socialismo, el racismo que han campado por sus respetos en los siglos XIX y XX no parecen efluvios de libertad, igualdad y fraternidad.

viernes, 2 de septiembre de 2016

"Los amores del Quijote", nuevo libro de Antonio Barnés

Un libro para el IV Centenario de Cervantes
Ediciones Teconté, Madrid, 2016, 131 págs.

La literatura no solo divierte. Es también como un espejo donde podemos reconocernos, sobre todo cuando el artífice de la ficción es, como Cervantes, un escritor de gran lucidez y experiencia. El Quijote no es solo una novela sobre las andanzas de un chiflado manchego que se cree caballero andante, pues abunda en historias que protagoniza el amor. Amores platónicos como el de don Quijote por Dulcinea o apasionados como el de don Luis por doña Clara; entre iguales como Cardenio y Luscinda o entre personas de niveles sociales diferentes como Basilio y Quiteria; amor de amistad, amor a los libros, los animales o a la naturaleza… En esta cartografía amorosa emerge la inteligencia,  la razón, la voluntad, las pasiones, las emociones. El amor a la virtual Dulcinea, se roza con la amistad de Sancho o el oficio ventero de las rameras. La pasión erótica a la que sucumbe Grisóstomo se codea con la libertad de Marcela al negarse a tal pulsión. La filosofía platónica ha impreso en Cervantes su fascinación por la belleza, concebida como armonía, concertación de partes. El aristotelismo le ha ofrecido una visión realista, en la que la materia, el cuerpo, no son cárcel, sino que forman parte de la naturaleza del mundo y del hombre. En una época amante del fragmento y recelosa de la razón, el Quijote es un soplo de aire fresco, pues elogia la cordura sin ser racionalista; defiende la voluntad sin caer en el voluntarismo y exalta las emociones sin desligarlas del espíritu en que anidan. Los amores del Quijote es un apasionante viaje, una incitación a leer de un modo nuevo la novela cervantina.  

Más información en http://losamoresdelquijote.blogspot.com.es/

lunes, 29 de agosto de 2016

Es leísmo

Boletín de Ayuda al Redactor
Septiembre de 2016


Revisar los textos siguientes:
Soluciones:

1. Conviene tranquilizarle y recordarle que no hace falta que presente un nuevo trabajo.
Conviene tranquilizarlo (la) y recordarle que no hace falta que presente un nuevo trabajo (lo o la porque se trata de complemento directo; en cambio, en recordarle, se trata del complemento indirecto, porque el directo es la frase introducida por que).
2. Ha escrito un artículo muy interesante, hay que darle a conocer.
Ha escrito un artículo muy interesante, hay que darlo (cd) a conocer.
3. Los discípulos de Jesucristo aún no estaban preparados para acogerle.
Los discípulos de Jesucristo aún no estaban preparados para acogerlo (cd).
4. Al pequeño Gonzalo, el abuelo le miraba con ternura.
Al pequeño Gonzalo, el abuelo lo (cd) miraba con ternura.
5. ¿Conoces al nuevo conserje? No le conozco.
¿Conoces al nuevo conserje? No lo (cd) conozco.
6. Al llegar, tenía un poco de fiebre, le acogimos con cariño y llamamos a un médico.
Al llegar, tenía un poco de fiebre, lo (la) (cd) acogimos con cariño y llamamos a un médico.
7. Bernardo espera que le recibamos antes de comer.
Bernardo espera que lo (cd) recibamos antes de comer.
8. Merece la pena conocerle, tratarle, ayudarle, porque se portó muy bien con mi hermana, cuando vivía en Béjar.
Merece la pena conocerlo (la), tratarlo (la), ayudarlo (la), porque se portó muy bien con mi hermana, cuando vivía en Béjar (se trata de cd).
9. Hay que recogerle en la estación, llevarle a la consulta del oftalmólogo y comprarle unas gafas.
Hay que recogerlo (la) (cd) en la estación, llevarlo (la) (cd) al oftalmólogo y comprarle (ci) unas gafas (cd).
10. Juan llegará en el tren de las cuatro, hay que ir a buscarle a la estación de Chamartín.
Juan llegará en el tren de las cuatro, hay que ir a buscarlo (cd) a la estación de Chamartín.
11. El abuelo necesita que le ayuden a levantarse.
El abuelo necesita que lo (cd) ayuden a levantarse (si se tratara de la abuela, probablemente nadie dudaría de que habría que escribir la). Por tanto, el leísmo es una cuestión gramatical, que no depende de que nos suene mejor una forma que otra.
12. A Miguel, se le veía pasear por el parque al atardecer.
A Miguel, se lo veía pasear por el parque al atardecer (a Marta se la veía pasear por el parque al atardecer).



Algunos sinónimos de:

Oferta: ofrecimiento, proposición, propuesta; ocasión, ganga, momio.
Oficial: público, estatal, gubernamental; legal, formal, reconocido, autorizado.
Oficio: trabajo, ocupación, profesión, actividad, colocación, cargo, acomodo, empleo; función, papel, finalidad; escrito, comunicación, documento.
Ofrecer(se): proponer, brindar, ceder, invitar, prometer, sugerir; dar, entregar, dedicar, ofrendar, consagrar, inmolar; celebrar; mostrar, exhibir, presentar, descubrir.
Oír: sentir, percibir; escuchar, atender, ser todo oídos.
Ojo: vista; vistazo, ojeada, mirada; atención, cuidado, precaución; agujero, abertura, orificio; ocelo, pinta, lunar.
Oler(se): olfatear, olisquear, oliscar; aromatizar, heder, apestar, atufar; sospechar, deducir, intuir, figurarse, imaginarse, barruntar; curiosear, husmear, cotillear, fisgar.
Olor: emanación, efluvio, fragancia, aroma, perfume, peste, hedor, tufo.

Luis Ramoneda

Madrid, 1 de septiembre de 2016


jueves, 25 de agosto de 2016

Una forma muy cara de contar una historia

Hay muchas formas de contar historias. En la plaza pública, ante un nutrido grupo de oidores... o en una reunión de amigos no muy numerosa; representando entre varios una historia... escribiéndola desde todos los estilos y géneros posibles... El cine es también un modo de contar historias, pero muy caro. Hijo de la fotografía, el cine es un arte de lo visual que mata, en cierta medida la imaginación, y exalta la interpretación.
En el teatro griego el actor se ocultaba tras la máscara. El protagonista absoluto era el texto del dramaturgo. En el teatro de la Edad Moderna ya no hay máscaras, pero el protagonista sigue siendo el texto. Aun así, los actores de teatro poseen un alto mérito al interpretar durante largo tiempo con el esfuerzo de memoria, dicción y lenguaje corporal adecuado.
La fotografía inventa el primer plano y, con él, la exaltación de lo verosímil. Esto se ha traspasado al cine, donde los actores gozan de una relevancia excesiva. Ya los protagonistas no son Sófocles o Calderón, sino Humphrey Bogart o Bette Davis. Es curioso que se admire tanto a los que no hacen sino imitan. Es cierta iconolatría, fotolatría. Y, en cierto sentido, es una muerte de la literatura.
La literatura es el reino de la palabra; el cine es el reino de la imagen. En las artes hay cierta consagración de la apariencia; en el cine la apariencia no es camino sino fin. La invasión icónica neutraliza la imaginación que queda así atrapada por el dirigismo fotográfico.
Los elevados costes del cine facilitan su conversión en industria, su mercantilización. Una industria que, como la de los bestseller, convierten en consumo el arte.


Entre el actor con máscara y la actuación obsesionada con la verosimilitud hay una gama de grises. Probablemente la obsesión por lo verosímil sea un influjo de la fotografía. Es posible que la fotografía haya tenido un influjo devastador en las artes plásticas, la publicidad y el teatro. El cine es producto suyo. La fotografía es la representación de la representación, y su efecto es sacralizador de la apariencia. El contraste se visualiza muy bien en una parada de autobús. Las personas que esperan el autobús son personas normales. Las personas normales no son actores ni actrices embadurnados, ni modelos arreglados con la informática. Y esas personas normales se sitúan en una parada que, normalmente, porta unos carteles con rostros completamente irreales. Gente tan bella como artificial.

El teatro, aun inficionado por la tiranía de lo verosímil, permite, al menos, contemplar la heroicidad de la representación. El cine, en cambio, suele presentar unas imágenes tan perfectas y medidas como falsas, con esa repetición compulsiva del director medio en búsqueda de esa toma perfecta.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Cicerón según Blair en traducción de Munárriz

Hay mucho arte en sus oraciones: sus exordios son
regulares; y en ellos con mucha preparacion é
insinuacion previene á sus oyentes; y procura
grangearse su afecto. El plan es claro, y el orden
de las pruebas el mas propio. Es mas claro
su plan, que el de Demostenes. Todo está en su
lugar: nunca intenta mover hasta que haya
procurado convencer: y es felicísimo en mover,
especialmente las pasiones blandas. No ha habido 
escritor que conociese mejor el poder de
las palabras. Camina siempre con mucha hermosura
y pompa; y en la estructura de las sentencias
es en estremo pulcro y esacto. Su manera
en general es difusa; pero variada á veces
con acierto, y acomodada al asunto. Esto se
echa de ver en sus cuatro oraciones contra Catilina.
Cuando algun objeto público escitaba su
indignacion; dejando la manera declamatoria,
á que era inclinado, se mostraba en estremo
fuerte y vehemente; como contra Antonio,
Verres, y Catilina.


domingo, 21 de agosto de 2016

Bécquer y Rubén Darío ante el mito grecolatino

La mitología grecolatina está prácticamente ausente en las Rimas de Bécquer. Solo aparecen algunos personajes míticos en la V, la XII, la LXXVIII y la XCVII:

RIMA V
RIMA XII
Rima LXXVIII
RIMA XCVII
Yo corro tras las ninfas
que, en la corriente fresca
del cristalino arroyo,
desnudas juguetean.
Yo, en bosques de corales
que alfombran blancas perlas,
persigo en el océano
las náyades ligeras.
Yo, en las cavernas cóncavas
do el sol nunca penetra,
mezclándome a los gnomos,
contemplo sus riquezas.
Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas;
verdes los tienen las náyades,
verdes los tuvo Minerva,
y verdes son las pupilas
de las hourís del Profeta.

Fingiendo realidades
con sombra vana,
delante del deseo
va la esperanza.
y sus mentiras
como el Fénix, renacen
de sus cenizas.

Esas quejas del piano
a intervalos desprendidas,
sirenas adormecidas
que evoca tu blanca mano,
no esparcen al aire en vano
el melancólico son;
pues de la oculta mansión
en que mi pasión se esconde,
a cada nota responde
un eco del corazón.


Bécquer no recoge ninguna historia mitológica. Alude a las ninfas y a las náyades, divinidades de bosques y aguas, en unas estrofas donde el poeta manifiesta plena integración con la naturaleza, y, además, las cita junto a los gnomos, seres de otra tradición mitológica. Después, trae a Náyades y a Minerva como patrones de belleza, en unión también de las huríes islámicas. El universo becqueriano es europeo, esto es, no solo grecolatino, sino también cristiano, germano, islámico...
Para concluir, la mención del Ave Fénix y de las sirenas más que mitológica responde podríamos decir a metáforas incorporadas plenamente a la lengua común para simbolizar lo que no muere nunca y la música encantadora, respectivamente.

En Rubén Darío, sin embargo, el mito grecolatino está omnipresente. Y no solo en la poesía, también en los relatos.
¿Por qué esa disparidad entre Bécquer y Rubén Darío con relación a la mitología? Bécquer prescinde de ella en su creación literaria. Su poesía fluye ajena al manantial grecolatino y sus leyendas hunden sus raíces en su suelo patrio (lo que no obsta para que haya orígenes grecolatinos, pero plenamente mezclados y recreados con tradiciones diversas). La poesía bécqueriana es europea y española, en la que lo grecolatino se inserta recreado y fundido con otros veneros. Darío, en cambio, parece que se injerta, en este punto, más bien en la tradición francesa, donde lo grecolatino posee una fuerza desbordante.
La literatura española no rompió nunca con su tradición medieval; las aguas del Renacimiento no inundaron su propio caudal, no desalojó temas y metros tradicionales, locales, nacionales. El teatro áureo español se nutrió en gran medida de las propia historia y tradiciones hispanas. Quizás la literatura francesa haya tomado a partir del Renacimiento unos derroteros más clasicistas, que reverdecieron en la lírica del XIX, donde, además, el Romanticismo alemán había revalorizado el amor a Grecia.
¿Amará lo griego Rubén por su filiación francesa?