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lunes, 29 de febrero de 2016

Obstinado: terco, tozudo, testarudo, obcecado, cerril, obsesionado, porfiado, pertinaz, acérrimo, empecinado, emperrado, cabezón, cabezota.

Redundancias (y III):


Revisar los textos siguientes:
Soluciones:

1. Hay que prever con antelación el número de participantes.
Hay que prever el número de participantes.
2. Las previsiones de futuro no son muy halagüeñas.
Las previsiones no son muy halagüeñas.
3. La protagonista principal de La Regenta es Ana Ozores.
Ana Ozores es la protagonista de La Regenta.
4. Hay que seguir el protocolo previsto.
Hay que seguir el protocolo.
5. El torero herido ayer en la plaza de Ronda se está recuperando favorablemente.
El torero herido ayer en la plaza de Ronda se está recuperando.
6. Lo mejor será reiniciar de nuevo el proceso de liquidación total del negocio.
Lo mejor será reiniciar el proceso de liquidación del negocio.
7. Voy a resumiros brevemente el artículo sobre Doñana.
Voy a resumiros el artículo sobre Doñana.
8. El ladrón se vio rodeado por todas partes por la policía.
El ladrón se vio rodeado por la policía.
9. En el supuesto hipotético de que estuviera allí…
En el supuesto de que estuviera allí…
10. Ha subido la tarifa de precios de los autobuses  urbanos.
Ha subido la tarifa de los autobuses urbanos.
11. Esta mañana ha declarado el testigo presencial.
Esta mañana ha declarado el testigo.
12. Lo que propones me parece una utopía inalcanzable.
Lo que propones me parece una utopía (o utópico).



Algunos sinónimos de:

Obligar: exigir, forzar, competer, imponer, conminar, apremiar, empujar, mover, presionar, someter, coaccionar, intimar; atañer, afectar, vincular.
Obligatorio: obligado, forzoso, necesario, preciso, preceptivo, ineludible, indispensable, indefectible, irrevocable.
Obra: creación, producto, fruto, resultado, efecto; acción, acto, hecho, trabajo, labor, tarea; construcción, albañilería, edificación, fábrica, reforma.
Obrar: actuar, proceder, hacer, portarse, comportarse, conducirse, ejecutar; cumplir, trabajar, hacer efecto.
Obrero: operario, artesano, jornalero, menestral, albañil, bracero, peón, proletario, trabajador, asalariado.
Obsequio: regalo, presente, ofrenda, don, dádiva, detalle; agasajo, festejo, homenaje.
Observar: mirar, contemplar, vigilar, avizorar, atisbar, examinar, estudiar, analizar; notar, percibir, advertir, reparar, apreciar, descubrir, percatarse, fijarse, darse cuenta; obedecer, cumplir, acatar, respetar, guardar, seguir.
Obsesión: manía, fijación, obcecación, obstinación, monomanía, ceguera.
Obstáculo: estorbo, dificultad, bloqueo, interrupción, atasco, freno, impedimento, inconveniente, traba, óbice.
Obstinado: terco, tozudo, testarudo, obcecado, cerril, obsesionado, porfiado, pertinaz, acérrimo, empecinado, emperrado, cabezón, cabezota.

Luis Ramoneda


martes, 23 de febrero de 2016

¿El arte y la técnica no han de rendir cuentas a nadie?

Responde Josef Ratzinger en Creación y pecado:

¿Qué le está permitido en realidad al arte? La respuesta parece muy sencilla: lo que «artísticamente» puede. Sólo le está permitida una norma: ella misma, la capacidad artística. Y frente a ella hay sólo un fallo: el fallo del arte, la incapacidad artística. No hay, por tanto, libros buenos y malos, sino libros bien y mal escritos, películas bien o mal hechas, etc. Ahí no cuenta el bien, la moral, sólo la capacidad: pues arte -Kunst- viene de capacidad -können-(se dice); todo lo demás es abuso, violencia. ¡Qué esclarecedor es esto!
Esto significa, consecuentemente, que existe un espacio en el que el hombre puede elevarse por encima de sus limitaciones: si hace arte, no tiene pues limitaciones; él es capaz entonces de aquello de lo que es capaz. Y significa que la medida del hombre sólo puede ser la capacidad, no el ser, no el bien y el mal. Le está permitido aquello de lo que es capaz, si es que esto es así.
(...)
¿qué le está permitido a la técnica? Durante mucho tiempo estuvo perfectamente claro: le está permitido aquello de lo que es capaz; el único fallo que conocía era el fallo del arte. Robert Oppenheimer cuenta que, cuando surgió la posibilidad de la bomba atómica, ésta había constituido para ellos, los físicos nucleares, el «technically sweet», la seducción técnica, su fascinación, como un imán que debían seguir: lo técnicamente posible, el ser capaces también de querer algo y de hacerlo. El último comandante de Auschwitz, Hess, afirmaba en su diario que el campo de exterminio había sido una inesperada conquista técnica.
Tener en cuenta el horario del ministerio, la capacidad de los crematorios y su fuerza de combustión y el combinar todo esto de tal manera que funcionara ininterrumpidamente, constituía un programa fascinante y armonioso que se justificaba por sí mismo con tales ejemplos es evidente que no se podía continuar mucho tiempo. Todos los productos de la atrocidad, de cuyo continuo incremento somos hoy espectadores atónitos y en última instancia desamparados, se basan en este único y común fundamento. Como consecuencia de este principio deberíamos hoy finalmente reconocer que es un engaño de Satán que quiere destruir al hombre y al Universo. Deberíamos comprender que el hombre no puede nunca abandonarse al espacio desnudo del arte. En todo lo que hace, se hace a sí mismo. Por eso está siempre presente como medida suya él mismo, la Creación, su bien y su mal y cuando rechaza esta medida, se engaña. No se libera, se coloca contra la verdad. Lo cual quiere decir que se destruye a sí mismo y al Universo.


viernes, 19 de febrero de 2016

Cruza el río conmigo

Jesús Cotta: Decían los griegos que el amor es un dios, y los cristianos dicen que Dios es Amor. Y este poema dice, según yo lo entiendo, que el amor es lo único que queda cuando nada queda y lo único que salva cuando todo condena. Por eso me gusta tanto y os lo mando en un moisés por el Nilo de Internet.

MOISÉS
Dame la mano. Hay que cruzar el río
para llegar al otro lado, y siento
que las fuerzas me faltan. Cógeme
como si fuera un bulto abandonado
en un cesto de mimbre que se mueve
y que llora a las luces del crepúsculo.
Cruza el río conmigo. Aunque sus aguas
no replieguen su cauce ante nosotros
esta vez. Aunque Dios no nos asista
y una nube de flechas acribille
nuestras espaldas. Aunque no haya río.

(Cuaderno de vacaciones, de Luis Alberto de Cuenca)


jueves, 11 de febrero de 2016

Ya en la calle "Cervantes y los Géneros Literarios"

en el año del cuarto centenario de la muerte de Cervantes, donde puede leerse mi artículo "Evolución del concepto de sátira en la obra cervantina" (págs. 167-180) y que empieza así: 

No hay Arquíloco sin Homero; ni Aristófanes sin Eurípides. No hay literatura romana sin literatura griega ni sátira sin helenismo. No hay sentido oblicuo sin sentido recto.

            La literatura romana nace en la época alejandrina; es una literatura libresca, mediatizada por el nacimiento de las bibliotecas y de una filología que hace posible un canon literario. Los romanos tuvieron la fortuna de contar con una gran literatura en la que inspirarse: la literatura griega en sus momentos antiguo, clásico y helenístico, último periodo en que se produce la globalización de la cultura griega y se desarrolla la literatura romana republicana hasta culminar en el gran siglo I a. de C., muy convulso social y políticamente pero muy fructífero para las letras. Basta citar a Lucrecio, Catulo, Cicerón, Salustio, Tito Livio, Virgilio, Horacio u Ovidio para demostrarlo.






...las mujeres, en quienes la vida se detiene, permanece y mora de una manera más inmediata, más fecunda, más confiada...

Cartas a un joven poeta [Cartas. Texto completo.]
 

Rainer María Rilke

Ciudad Seva

También es bueno amar, pues el amor es cosa difícil. El amor de un ser humano hacia otro: esto es quizás lo más difícil que nos haya sido encomendado. Lo último, la prueba suprema, la tarea final, ante la cual todas las demás tareas no son sino preparación. Por eso no saben ni pueden amar aún los jóvenes, que en todo son principiantes. Han de aprenderlo. Con todo su ser, con todas sus fuerzas reunidas en torno a su corazón solitario y angustiado, que palpita alborotadamente, deben aprender a amar. Pero todo aprendizaje es siempre un largo período de retiro y clausura. Así, el amor es por mucho tiempo y hasta muy lejos dentro de la vida, soledad, aislamiento crecido y ahondado para el que ama. Amar no es, en un principio, nada que pueda significar absorberse en otro ser, ni entregarse y unirse a él. Pues, ¿qué sería una unión entre seres inacabados, faltos de luz y de libertad? Amar es más bien una oportunidad, un motivo sublime, que se ofrece a cada individuo para madurar y llegar a ser algo en sí mismo; para volverse mundo, todo un mundo, por amor a otro. Es una gran exigencia, un reto, una demanda ambiciosa, que se le presenta y le requiere; algo que lo elige y lo llama para cumplir con un amplio y trascendental cometido. Sólo en este sentido, es decir, tomándolo como deber y tarea para forjarse a sí mismo "escuchando y martilleando día y noche", es como los jóvenes deberían valerse del amor que les es dado. Ni el absorberse mutuamente, ni el entregarse, ni cualquier otra forma de unión, son cosas hechas para ellos, que por mucho tiempo aún, han de acopiar y ahorrar. Pues todo eso es la meta final. Lo último que se pueda alcanzar. Es tal vez aquello para lo cual, por ahora, resulta apenas suficiente la vida de los hombres.
Pero en esto yerran los jóvenes tan a menudo y tan gravemente. Ellos, en cuya naturaleza está el no tener paciencia, se arrojan y se entregan, unos en brazos de otros, cuando les sobrecoge el amor. Se prodigan y desparraman tal como son, aun sin desbrozar, con todo su desorden y su confusión... Mas ¿qué ha de suceder luego? Qué ha de hacer la vida con ese montón de afanes truncos, que ellos llaman su convivir, su unión, y que, de ser posible, desearían poder llamar su felicidad, y aún más: ¡su porvenir! Ahí se pierde cada cual a sí mismo por amor al otro. Pierde igualmente al otro, y a muchos más que aun habían de llegar. Pierde también un sin fin de horizontes y de posibilidades, trocando el flujo y reflujo de posibilidades de sutil presentimiento por un estéril desconcierto, del cual ya nada puede brotar. Nada sino un poco de hastío, desencanto y miseria, y el buscar tal vez la salvación en alguno de los múltiples convencionalismos que, cual refugios abiertos a todo el mundo, dispuestos están en gran número al borde de este peligrosísimo camino. Ninguna región del humano sentir se halla tan provista de convencionalismos como ésta. Ahí hay salvavidas de variadísima invención: botes, vejigas, flotadores... Recursos y medios de escape de toda laya supo crear la sociedad, ya que por hallarse predispuesta a tomar la vida amorosa como mero placer, tuvo también que hacerla fácil, barata, segura y sin riesgos, como suelen ser las diversiones públicas.
Por cierto, muchos jóvenes que aman de un modo falso, es decir, haciendo del amor una simple entrega y rehuyendo la soledad -nunca llegará a más el promedio de los hombres-, sienten el peso de su falta, y también a este trance en que han venido a encontrarse, quieren infundirle vida y fecundidad de una manera propia y personal. Pues su naturaleza les revela que las cuestiones de amor, menos aun que cualquier otra cosa de importancia, jamás pueden ser dirimidas por algún procedimiento de carácter público, de conformidad con tal o cual convenio. Que son asuntos privativos de cada cual y deben resolverse de modo individual, de ser a ser, precisándose en cada caso de una solución exclusivamente personal. Pero ¿cómo ha de ser posible que ellos, quienes al juntarse se han despeñado y hundido en una misma confusión, dejando de deslindarse y de distinguirse el uno del otro, y no poseyendo, por tanto, nada propio ya, acierten a dar con alguna salida, por sí mismos, desde el abismo de su derrumbada soledad?
Obran en virtud de un común desamparo y, cuando luego quieren, con la mejor voluntad, rehuir algún convencionalismo notorio -por ejemplo el matrimonio-, caen en las tenazas de otra solución convencional, tal vez menos manifiesta, pero igualmente mortal. Pues ahí -dentro de un amplio ámbito en derredor suyo- todo es convención. Allí donde se obre al impulso de una confluencia prematura y de un turbio convivir, cualquier lazo que derive de tal desorden tiene su convencionalismo, por muy insólito que parezca; es decir: aunque resulte "inmoral" en el sentido corriente de la palabra. Hasta la separación viene a ser un paso convencional, una decisión nacida del azar, impersonal y sin fuerza ni fruto.
Quien seriamente repare en ello, descubre que, como para la muerte, que es cosa difícil, tampoco para el arduo cometido del amor se han hallado aún ni luz ni solución, ni señal ni camino. Para esas dos tareas -amor y muerte, que veladas y ocultas llevamos dentro, y que retransmitimos a otros sin descorrer el velo que las recubre- no se podrá dar con ninguna regla común que se funde en algún convenio. Pero en la misma medida en que iniciemos nuestros intentos de vivir cada cual como un ser independiente, esos magnos asuntos nos encontrarán, a cada uno de nosotros, más próximos a ellos. Las exigencias que la difícil tarea del amor presenta a nuestro desarrollo, son de inmensa magnitud. Nosotros, como principiantes, no estamos a su altura. Pero si a pesar de todo sabemos perseverar y llevamos este amor a cuestas, como carga y aprendizaje, en lugar de perdernos en ese juego fácil y frívolo, tras del cual los hombres se han escondido para eludir cuanto hay de más serio y de más grave en su existencia, entonces, un pequeño progreso y algún alivio serán tal vez perceptibles para aquellos que lleguen largo tiempo después de nosotros. Y esto ya sería mucho...
Es que apenas ahora empezamos a considerar las relaciones entre un individuo y otro, sin prejuicios y de manera objetiva. Los intentos que vamos realizando a fin de vivir tales relaciones nada tienen ante sí que les pueda servir de ejemplo. Sin embargo, se dan ya en el correr y mudar del tiempo muchas cosas que quieren acudir en auxilio de nuestro tímido principiar.



La mujer, en su propio desenvolvimiento más reciente, sólo por algún tiempo y de modo pasajero imitará los hábitos y modales masculinos, buenos y malos, ejerciendo a su vez las profesiones generalmente reservadas al hombre. Tras la incertidumbre de tales etapas transitorias, quedará de manifiesto que si las mujeres han pasado por la gran variedad y la continua mudanza de esos disfraces a menudo risibles, fue tan sólo para poder depurar su modo de ser peculiarísimo, y limpiarlo de las influencias deformadoras del otro sexo. Por cierto, las mujeres, en quienes la vida se detiene, permanece y mora de una manera más inmediata, más fecunda, más confiada, deben de haberse hecho seres más maduros y más humanos que el hombre. Éste, además de liviano -por no obligarlo el peso de ningún fruto de sus entrañas a descender bajo la superficie de la vida- es también engreído, presuroso, atropellado, y menosprecia en realidad lo que cree amar... Esta más honda humanidad de la mujer, consumada entre sufrimientos y humillaciones, saldrá a la luz y llegará a resplandecer cuando en las mudanzas y transformaciones de su condición externa se haya desprendido y librado de los convencionalismos añejos a lo meramente femenino. Los hombres, que no presienten aún su advenimiento, quedarán sorprendidos y vencidos. Llegará un día que indudables signos precursores anuncian ya de modo elocuente y brillante, sobre todo en los países nórdicos, en que aparecerá la mujer cuyo nombre ya no significará sólo algo opuesto al hombre, sino algo propio, independiente. Nada que haga pensar en complemento ni en límite, sino tan sólo en vida y en ser: el Humano femenino...
Tal progreso -al principio muy en contra de la voluntad de los hombres, que se verán rebasados y superados- transformará de modo radical la vida amorosa, ahora llena de errores, y la convertirá en una relación tal, que se entenderá de ser humano a ser humano y ya no de varón a hembra. Este amor más humano, que se consumará con delicadeza y dulzura infinitas -imperando luz y bondad, así en el unirse como en el desligarse- se asemejará al que vamos preparando entre luchas y penosos esfuerzos: el amor que consista en que dos soledades se protejan, se deslinden y se saluden mutuamente...
Además, esto: no crea que se haya perdido aquel gran amor que le fue encomendado antaño, cuando aun era niño. ¿Acaso puede afirmar usted que no maduraron entonces en su corazón, grandes y buenos anhelos, y propósitos de los que aun hoy sigue viviendo? Yo creo que ese amor perdura tan fuerte y poderoso en su recuerdo, porque fue su primer aislamiento profundo. Y también la primera labor que realizó en aras de su vida. ¡Todos mis buenos deseos para usted, querido señor Kappus!
Su
Rainer Maria Rilke

jueves, 4 de febrero de 2016

Las obras de arte son de una soledad infinita y nada las alcanza menos que la crítica

Rainer Maria Rilke: Cartas a un joven poeta, Los pequeños libros de la sabiduría, Barcelona, 2009:

17: No hay nada menos apropiado para una obra de arte que las palabras críticas: siempre resultan en malentendidos más o menos afortunados. Las cosas no son todas tan tangibles y expresables como se nos quiere hacer creer; la mayoría de los acontecimientos son indecibles y suceden dentro de un espacio donde nunca ha penetrado ni una palabra, y los más inexpresables de todos son las obras de arte, existencias misteriosas cuya vida perdura al lado de la nuestra, que se extingue.


22, 23: Una obra de arte es buena cuando surgió de la necesidad.

27: en el fondo, y precisamente en las cosas más profundas y más importantes, nos encontramos indeciblemente solos.

34: Las obras de arte son de una soledad infinita y nada las alcanza menos que la crítica. Únicamente el amor es capaz de captarlas y retenerlas y ser justo hacia ellas.


Tomado de Cartas a un joven poeta, Alianza Editorial, S.A., Madrid, 1997, pp. 79 - 87.
Si se han debido modificar ya tantos conceptos de movimiento también se reconocerá poco a poco que lo que llamamos destino sale de los hombres, no entra en ellos desde fuera. Sólo porque muchos no absorbieron sus destinos, mientras éstos vivían en ellos, y no los transformaron en sí mismos, fue por lo que no reconocieron lo que salía de ellos mismos: les era eso tan extraño que, en su confuso espanto, creyeron que precisamente entonces debía haber entrado en ellos, pues juraban no haber encon­trado antes en sí nada semejante. Igual que durante mucho tiempo se estuvo en el error sobre el movimiento del sol, así ahora se yerra todavía sobre el movimiento de lo venidero. El porvenir está fijo, querido señor Kappus, pero nosotros nos movemos en el espacio infinito.

 Cartas a un joven poeta [Cartas. Texto completo.] Ciudad Seva

También el arte es sólo un modo de vivir. Aun viviendo de cualquier manera, puede uno prepararse para el arte, sin saberlo. En cualquier realidad se está más cerca de él que en las carreras irreales, artísticas a medias, que, aparentando cierto allegamiento al arte, en la práctica niegan y socavan la existencia de todo arte. Como lo hacen, por ejemplo, el periodismo en su totalidad, casi toda la crítica profesional, y las tres cuartas partes de lo que se llama y quiere llamarse literatura.
En pocas palabras: me alegro de que usted se haya salvado del peligro que representa el caer en todo ello14 y ahora viva, en un lugar cualquiera, solitario y valiente en medio de una ruda realidad. ¡Ojalá pueda el año que está por llegar, mantener y afirmarlo en ella!