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viernes, 1 de julio de 2016

No vivimos en un mundo desacralizado

En el valioso libro de Ana Laura Santamaría: Implicaciones éticas de la Antígona de Sófocles. Una reflexión sobre el pensamiento trágico griego (Tecnológico de Monterrey, Plaza y Valdés, Madrid 2009), leo: "nosotros, nietos de la ilustración, que vivimos en un mundo desacralizado" (pág. 73).

No estoy de acuerdo. Han cambiado los espacios sagrados. Se han multiplicado incluso, pero me parece que stricto sensu no puede hablarse de "mundo desacralizado". La Edad Contemporánea ha sustituido a las monarquías personalistas por el Estado; a la aristocracia con su artificio de lo heroico, por la burguesía y el culto al dinero; a la religión, por la ciencia y la cultura; el universalismo cristiano, por la nación. Estado, Mercado, Ciencia, Cultura y Nación se han convertido, a menudo, en símbolos o espacios sagrados. El hombre es un ser social y religioso que necesita rendir en comunidad culto a una realidad que lo trasciende. Esa realidad puede ser un conjunto de dioses, un Dios único, un Dios uno y trino, o un Estado (Hitler, Stalin...), un mercado (grandes superficies), una manifestación cultural (concierto de rock), un espectáculo deportivo, una nación, una lengua, una raza...

Con frecuencia los espectáculos de masas como los conciertos de rock o los partidos de fútbol se viven como momentos de culto con manifestaciones dionisiacas de histerismo y fanatismo. A menudo se vive la vida política con fervor religioso, como se ha constatado ante el nuevo movimiento político español Podemos. Sus candidatos, que carecen por lo general de experiencia de gobierno, suscitan una fuerte expectativa mesiánica basada, parece, en el timbre de la voz y la retórica de las propuestas salvíficas de su jefe. Pero ningún colectivo acostumbra a elegir como presidente máximo a un individuo sin experiencia de gobierno en dicho colectivo. ¿Quién escogería como jefe de taxistas a quien no supiera conducir? ¿Cómo puede avalar la solvencia de nadie su solo discurso? En ningún gremio sucede excepto en la política, donde se elige, precisamente, a los máximos responsables de países, regiones y ciudades.
He ejemplificado con Podemos pero no solo es su caso. ¿Qué experiencia de gobierno tenía Rodríguez Zapatero antes de ser presidente de gobierno? ¿Y Pedro Sánchez, candidato a serlo? ¿Y Albert Rivera?

Confiar más en los discursos que en los hechos ¿no es fe, fe religiosa, fe sin contenido? La fe bíblica, por el contrario, recuerda de continuo los hechos del Señor "que les sacó de la tierra de Egipto". ¿Cómo puede decir "votame" un señor que no puede presentar ningún aval de gestión exitosa? ¿Y cómo puede haber gente que lo vote? Porque dice "os libraré de vuestras cadenas". ¿Sabrá hacerlo?

La Edad Contemporánea no es irreligiosa. Ha cambiado a Dios por otros dioses: Estado, Mercado, Cultura (las visitas a museos y exposiciones sustituyen en no pocos casos a la Misa dominical, porque necesitamos, por cierto, contacto con el misterio, con lo que nos excede, con lo que nos envuelve. Cuanto más desacralizada sea una Misa menos fieles acudirán, pues han sido defraudados, y se vuelven a donde hallen misterio, emociones fuertes).
Somos religiosos. La pregunta es ¿cuáles son nuestros dioses?
Somos dogmáticos. Si no creemos en el credo niceno-constantinopolitano, lo haremos en los postulados de la ciencia (esa realidad abstracta que no existe, pues hay ciencias, no "la ciencia"), o en mesianismos políticos de raíz rusoniana.
Mi amigo DJS me apunta: "El hombre contemporáneo rinde masivamente culto al sentimiento/emoción (sentimentalismo o "emocionalismo") y al presente (hodierismo)". Es oportuno su comentario, porque hemos de hacernos una pregunta. Si el hombre contemporáneo no es irreligioso, sino que se ha orientado hacia otras religiones, ¿por qué cree que ha abandonado la religión?  Si el hombre contemporáneo no es antidogmático, sino que ha cambiado unos dogmas por otros, ¿por qué cree que vive ajeno a cualquier dogma?  Porque no piensa, no reflexiona. Vive entregado a la emotividad exaltada por Rousseau. Ya lo dijo Chesterton: unos hombres son dogmáticos y lo saben y otros son dogmáticos y no lo saben. 

Necesitamos postrarnos en adoración ante Alguien o algo. Ese Alguien puede ser Yavéh, Cristo o Alá. Ese Alguien puede ser Justin Bieber, el propio cuerpo, los animales o las plantas. Pero en algo hay que creer, a alguien o al algo personalizado hay que adorar.

¿No quería la Ilustración despejar las tinieblas de la ignorancia? Pues mucho ánimo...