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martes, 18 de octubre de 2016

Antonio de Guevara: "...no ay otra tan verdadera sciencia como saber el hombre muy bien ordenar su vida"

Fuente

Dime, yo te ruego, señor: ¿para qué los hombres deprenden a hablar griego, trabajan por entender el ebrayco, sudan en la lengua latina, gastan tanto tiempo en Grecia, mudan tantos maestros, rebuelven tan diversos libros y consumen en los estudios tantos dineros y años, si no es para saber passar la vida [899] con honra y tomar después la muerte con paciencia? El fin porque los hombres han de estudiar ha de ser para deprender bien a vivir; porque no ay otra tan verdadera sciencia como saber el hombre muy bien ordenar su vida. ¿Qué aprovecha saber yo mucho si de aquel saber yo no saco provecho? ¿Qué aprovecha saber hablar todas las lenguas estrañas si no refreno yo mi lengua de hablar en vidas agenas? ¿Qué aprovecha estudiar en muchos libros si no estudio para más de para engañar a mis próximos? ¿Qué aprovecha saber las propriedades de las estrellas y los cursos de los elementos si no me sé guardar de los vicios? Finalmente digo que aprovecha muy poco preciarse uno de ser maestro de sabios y que en secreto le motejen ser discípulo de locos. La summa de toda la philosophía consiste en servir a los dioses y no ofender a los hombres. Pregúntote, Sereníssimo Príncipe: ¿qué aprovecha al piloto saber el arte de marear y después perescer en la tormenta? ¿Qué aprovecha al esforçado capitán blasonar mucho de la guerra y después no saber dar la batalla? ¿Qué aprovecha a la guía enseñar a otros el atajo y después perder él el camino? Todo lo que digo por ti, señor, lo digo, ca ¿qué aprovecha que teniendo entera la vida sospiravas por la muerte, y agora que se te ofrece la muerte estás llorando por la vida? Una de las cosas en que los hombres prudentes muestran su prudencia es en saber amar y saber aborrescer; porque es muy gran poquedad, y aun aýna diría liviandad, amar oy aquello de que blasfemavan ayer, y blasfemar mañana de lo que adoravan oy.

 

lunes, 10 de octubre de 2016

caballero y cortesano, explicado por don Quijote

El caballero es el gran personaje medieval, emparentado con el héroe homérico, pero diferente. El cortesano es un importante modelo renacentista, relacionado con el caballero pero diferente. La diferencia entre caballeros y cortesanos está bien trazada por don Quijote en su conversación con su sobrina en el capítulo 6 de la segunda parte del Quijote:

–Mira, amiga –respondió don Quijote–: no todos los caballeros pueden ser cortesanos, ni todos los cortesanos pueden ni deben ser caballeros andantes: de todos ha de haber en el mundo; y, aunque todos seamos caballeros, va mucha diferencia de los unos a los otros; porque los cortesanos, sin salir de sus aposentos ni de los umbrales de la corte, se pasean por todo el mundo, mirando un mapa, sin costarles blanca, ni padecer calor ni frío, hambre ni sed; pero nosotros, los caballeros andantes verdaderos, al sol, al frío, al aire, a las inclemencias del cielo, de noche y de día, a pie y a caballo, medimos toda la tierra con nuestros mismos pies; y no solamente conocemos los enemigos pintados, sino en su mismo ser, y en todo trance y en toda ocasión los acometemos, sin mirar en niñerías, ni en las leyes de los desafíos; si lleva, o no lleva, más corta la lanza, o la espada; si trae sobre sí reliquias, o algún engaño encubierto; si se ha de partir y hacer tajadas el sol, o no, con otras ceremonias deste jaez, que se usan en los desafíos particulares de persona a persona, que tú no sabes y yo sí. Y has de saber más: que el buen caballero andante, aunque vea diez gigantes que con las cabezas no sólo tocan, sino pasan las nubes, y que a cada uno le sirven de piernas dos grandísimas torres, y que los brazos semejan árboles de gruesos y poderosos navíos, y cada ojo como una gran rueda de molino y más ardiendo que un horno de vidrio, no le han de espantar en manera alguna; antes con gentil continente y con intrépido corazón los ha de acometer y embestir, y, si fuere posible, vencerlos y desbaratarlos en un pequeño instante, aunque viniesen armados de unas conchas de un cierto pescado que dicen que son más duras que si fuesen de diamantes, y en lugar de espadas trujesen cuchillos tajantes de damasquino acero, o porras ferradas con puntas asimismo de acero, como yo las he visto más de dos veces. Todo esto he dicho, ama mía, porque veas la diferencia que hay de unos caballeros a otros; y sería razón que no hubiese príncipe que no estimase en más esta segunda, o, por mejor decir, primera especie de caballeros andantes, que, según leemos en sus historias, tal ha habido entre ellos que ha sido la salud no sólo de un reino, sino de muchos.



Tampoco los caballeros son del mismo valor. Sigue explicando el caballero en el mismo capítulo:

...no todos son corteses ni bien mirados: algunos hay follones y descomedidos. Ni todos los que se llaman caballeros lo son de todo en todo: que unos son de oro, otros de alquimia, y todos parecen caballeros, pero no todos pueden estar al toque de la piedra de la verdad. Hombres bajos hay que revientan por parecer caballeros, y caballeros altos hay que parece que aposta mueren por parecer hombres bajos; aquéllos se llevantan o con la ambición o con la virtud, éstos se abajan o con la flojedad o con el vicio; y es menester aprovecharnos del conocimiento discreto para distinguir estas dos maneras de caballeros, tan parecidos en los nombres y tan distantes en las acciones.


En Don Quijote frente a los caballeros de los tiempos modernos de Francisco Vivar (Ediciones Universidad de Salamanca, 2009), pág. 24 leemos:

Don Quijote sólo tiene como modelos de vida al guerrero y al santo, son los únicos que él se plantea seguir porque el caballero andante es santo y héroe. Sin embargo. El Cortesano publicado en 1528 o El Enquirídión (1503), dos libros situados en una época de transformación social, ponen en evidencia la decadencia de estas dos figuras: el caballero necesita adaptarse a las exigencias militares y religiosas del mundo moderno. Por lo tanto, el antiguo caballero o se transforma en cortesano y en hombre cristiano o, por el contrario, le será difícil encontrar su lugar social^. El individuo aparece en el Renacimiento, y según va pasando el tiempo se hace evidente que los ideales heroicos van a ser sustituidos por la felicidad personal que proporcionan los placeres cotidianos.
Como observamos ya claramente a mitad del siglo xix: el ideal heroico ha sido sustituido por el ideal burgués.
A lo que objeto que, a mi parecer, don Quijote tiene como modelo a los caballeros andantes, quienes, habiendo surgido en una era cristiana y estando relacionados con los modelos del santo y del mártir (véase el Libro del caballero de Llull), no se identifican con ellos. Ya hemos visto que hay diferentes tipos de caballero por boca del propio don Quijote. No veo esa identificación entre caballero, santo y mártir.  El caballero es un mito literario. El santo y el mártir son personajes reales que han entrado en la literatura con el consiguiente proceso de ficcionalización. Pero identificar los tres modelos no me parece exacto. Es verdad que el cortesano suplanta al caballero, pero la evolución no es primordialmente de tipo religioso. El cortesano tiene más base histórica que el caballero. Responde a una vida cortesana de unas monarquías en proceso de fortalecimiento, y en medio de una cultura humanista que humaniza las costumbres, y añade a lo heroico el cultivo de las letras y las artes.


 También es verdad que la burguesía medieval está hibridada de caballerosidad, ideal aristocrático que pierde el capitalista contemporáneo. ¿Convertir la prosa de cada día en verso heroico no significa recuperar el heroismo que anidaba en los modelos antropológicos precapitalistas y asentarlos en la vida cotidiana de los hombres anónimos?


Vivar describe bien el ideal heroico de don Quijote en la pág 36:

Sin embargo, para don Quijote lo importante son los ideales heroicos. Él vive atrapado en su memoria y en la voluntad que tiene de «recuperar» los valores de la caballería. Si don Diego vive en el presente porque no ve otra posibilidad de existencia sino acomodarse a la circunstancia, don Quijote no se doblega al presente y ajusta su destino de acuerdo con los ideales de la caballería.
Aunque viva en una «edad de hierro» cree que con su voluntad de héroe podrá instaurar los ideales de una «edad de oro».

Prefiere lo ideal a lo real. Este es su proyecto: acomodar la realidad a sus ideales e influenciar la realidad para transformarla. La manera más evidente de mostrar su proyecto a los demás es a través de la aventura. Esto es así, porque como señala Ortega y Gasset «la aventura quiebra como un cristal la opresora insistente realidad. Es lo imprevisto, lo impensado, lo nuevo. Cada aventura es un nuevo nacer del mundo, un proceso único». El héroe busca la aventura, la gente común la vida ordenada del presente.
La aventura frente al mundo repetitivo de los hechos humanos.
 
Vivar, 99: 

La libertad elegida por don Quijote [cuando decide abandonar el palacio de los duques] supone la victoria de la existencia sobre la actuación, de la autenticidad sobre el artificio. [...Los duques] No desean regresar a la opacidad de la rutina, prefieren el brillo de la fiesta.
 








miércoles, 5 de octubre de 2016

Sale a la calle "El curioso impertinente", novela cervantina incluida en el Quijote, prologada y editada por Antonio Barnés

Un marido insta a su íntimo amigo a que corteje a su esposa, para comprobar si la lealtad de su fiel mujer es realmente enteriza.
Esta novela se lee en corro en una venta, durante la primera parte del Quijote, y se publica aquí íntegramente. Cervantes construye
con este relato una parábola sobre el cambio de paradigma de la prudencia humanista al experimento moderno.


martes, 4 de octubre de 2016

¿Hay progreso en la historia?

 
Agustín Basave Fernández del Valle
 
La modernidad se desenvuelve dentro de una voluntad de progreso. Tiene la arraigada creencia de que la humanidad ha progresado y seguirá progresando. Pero no se ha detenido a examinar la idea de progreso.

Progresar es encaminarse hacia un término. Sin movimiento no hay progreso. Pero moverse implica un estadio anterior y una meta. Si el sujeto que se mueve volviera al punto de partida, habría un retroceso o regreso; si marchara «hacia delante» habría un progreso.

Ha dicho Manuel García Morente, en frase gráfica, que el tiempo es «el lecho cósmico en donde el cambio se verifica». Todo cambio o movimiento se dirige hacia el futuro. Pero el futuro no es meta, sino dirección. Para que haya meta es preciso una actuación inteligente que se proponga un fin preferido y que seleccione los medios adecuados. «En suma: el progreso es la realización del reino de los valores por el esfuerzo humano».114 Progresar no es ser más, sino ser mejor. Ser mejor el hombre, la vida humana.

Ingenuamente se ha pensado desde fines del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX que la humanidad ha progresado   —228→   totalmente porque se han realizado progresos particulares. Es preciso hacer un poco de luz en ese confuso y parcial acopio de éxitos.

No se puede hablar de progreso moral. No se puede decir, por ejemplo, que el hombre del siglo XX es más moral que el hombre del siglo IX. Y es que no es la humanidad el sujeto de la moral, sino el hombre concreto de carne y hueso, el ente singular que, aunque tenga la misma estructura permanente de todo hombre, decide libre e imprevisiblemente... Tampoco cabe decir que el arte de nuestros días es muy superior, por ejemplo, al arte de Miguel Ángel o de Leonardo da Vinci. Ni tendría sentido afirmar que la filosofía de nuestros días es muy superior a la filosofía de Platón o de Aristóteles. Y es que cada artista o cada filósofo vuelve a plantearse, en carne viva, los eternos problemas del arte o de la filosofía. Lo mismo puede afirmarse de la literatura. ¿A qué se reduce, pues, el progreso? Progresa la ciencia, progresa la técnica. El hombre de nuestros días maneja técnicas cuyos fundamentos ignora, pero cuyos resultados aprovecha. «El auténtico pensamiento desaparece de la cultura. La difusión inaudita de una “pseudo ciencia” formularia e instrumental logra la temible victoria de enseñar y aprender eliminado el pensamiento. Y el hombre moderno maneja las leyes naturales, sin penetrar su sentido, como el conductor de tranvía gobierna corrientes eléctricas, de las que no tiene la menor noción».115 Los hombres de nuestro tiempo idolatran la velocidad, justamente porque creen que les llevará al progreso, aunque en realidad sólo hayan contraído una enfermedad; la insaciable prisa. Sin sentirse llamada a ninguna meta específica, sin vocación clara, la humanidad de nuestros días se ha tornado esclava del progreso; de un progreso sin sentido: ¡progreso por el progreso! Mientras tanto, el presente se evapora en aras de un progresismo inocente y filisteo.

Un verdadero progreso presupone una meta clara, fija y trascendente. La historia conduce a un fin suprahistórico y extratemporal.
 
 
 

La pseudodoctrina del progreso diviniza el futuro y espera el advenimiento de un estado perfecto. En una época que no se precisa, la historia universal de la humanidad habrá   —229→   resuelto todos sus problemas. Lo que cuenta es el hombre futuro. Las generaciones presentes son simples eslabones sin ninguna finalidad propia. Indígnase, y con razón, Berdiaeff ante tamaño dislate: «¡Qué injusticia tan monstruosa sería la de admitir en los arcanos de la vida divina a las generaciones situadas en la cumbre histórica únicamente! Esta manera de considerar el progreso podría verdaderamente conducirnos a dudar de la providencia divina, puesto que una divinidad que hubiérase negado a todas las generaciones humanas, admitiendo en su seno únicamente a la generación históricamente más avanzada, sería una divinidad vampiresa, llena de falsía y violencia con respecto a una mayoría aplastante de la humanidad».116 Al fetichismo del progreso, Berdiaeff opone el ideal cristiano fundado sobre el término de la tragedia histórica, con todas sus dolorosas contradicciones, participando de este final glorioso todas las generaciones humanas, sin excepción alguna, que llegarán a reunirse en la vida eterna. Cada generación, cada hombre, tiene su fin propio y la razón de su existencia. Es un error monstruoso hacer de las generaciones presentes un simple instrumento para formar las generaciones futuras. Si el destino humano tiene que resolverse en la eternidad, hemos de considerar a la historia como un camino que nos ha de conducir a otro mundo -a nosotros y a los que vengan después- sin esperar lograr ningún estado perfecto en el proceso histórico. En el transcurso de la historia, todas las generaciones humanas tienen sus relaciones y sus vínculos propios con la trascendencia. La historia no es un carrete de hilo que pueda desenvolverse infinitamente. La historia tiene un sentido positivo tan sólo porque tiene un desenlace.

lunes, 3 de octubre de 2016

El hombre, que viene a la vida en un mundo sin sentido, dedica su vida a dar sentido al mundo. Tal es la esencia del progreso.

Manuel García Morente, Ensayos sobre el progreso, Ediciones Encuentro, Madrid, 2002.

pág. 24: Gran parte de lo que hoy hacemos, pensamos y preferimos viene condicionado por nuestra concepción básica del progreso como ley de desarrollo y como imperativo de acción.

p. 35: El progreso es un movimiento hacia una meta.

p. 40: Lo que da sentido a las nociones de progreso y de retroceso no es el tiempo, no es el continente, no es el puro momento del antes y el después, sino cierta estimación o preferencia que los unos pueden sentir por la vida, los otros por la muerte, los otros por la robustez del cuerpo. La vida transcurre en el tiempo; pero lo que define sus segmentos como progresos o retrocesos no es el puro transcurrir -el tiempo-, sino cierta meta, cierta estimación, cierta finalidad, que se pone en lo que dentro del tiempo transcurre.

p. 42: Así como el futuro en el mero tiempo no es meta del progreso, justamente por carecer de contenido, así el movimiento puro o mero cambio no puede tampoco ser por sí solo quien marque el sentido del movimiento. Los cambios de la cosa, considerados estrictamente como simples cambios, pueden interpretarse en uno u otro sentido, según se quiera.

p. 62: El mero cambio cuantitativo, el aumento en cantidad, no es progreso. ... El progreso no consiste en el ser más, sino en el valer más, en el ser mejor.

p. 64: La idea de progreso implica no sólo un cambio, sino una reiteración en el logro sucesivo de mejores realizaciones de los más valiosos valores.

p. 67: El progreso no reside en la cosa misma, sino en la conversión de la cosa en bien.

p. 68: La mayor parte de los objetos que nos rodean en la vida no son cosas, sino bienes, es decir, cosas con valor; o males, es decir, cosas con disvalor.

p. 69: Los valores constituyen el criterio del progreso; pero no progresan ni regresan. ... El valor belleza constituye una unidad irreal absoluta que no por hallarse en el tiempo ni en el espacio, por ser irreductible a las categorías del ser y del estar, no puede sucumbir al juicio de progreso.

p. 73: Lo estrictamente mecánico es explicable, pero incomprensible; tiene causa, pero no tiene sentido; es, pero no se justifica. Lo natural considerado en sí mismo, es absurdo.

p. 74: El fenómeno en su sentido íntimo inteligible no está en la ley mecánica de su producción, sino en el nexo total de su significación.

p. 75: El darwinismo convierte la biología en física. Por eso anula en ella la noción de progreso, que implica justamente la idea de una actividad enderezada hacia un fin valioso, esto es, la idea de una historia.

p. 76: La vida es un proceso con sentido inteligible.

p. 78: El animal no inventa; por eso no progresa.

p. 80: El hombre es el único animal cuya vida está al servicio de algo que no es la vida.

p. 80.81: El hombre, que viene a la vida en un mundo sin sentido, dedica su vida a dar sentido al mundo. Tal es la esencia del progreso.

p. 81: El progreso es la colonización del mundo y la educación del hombre. Y si a esta labor queremos darle el nombre de cultura, entonces puede decirse, con plenitud de sentido, que el progreso es el perfeccionamiento de la cultura.



Todo progreso hace referencia a una meta. Tal es la meta, cual es el progreso. El progreso es parcial, no total. Si mi meta es licenciarme, progresaré en la medida en que me licencie. Pero que conquiste ese progreso no significa que todo en mí sea progreso. Mientras me licencio puede ir desarrollándose en mí una enfermedad, y estar retrocediendo en relación a la salud. Se predica el progreso con relación a la meta. El progreso no cohonesta la meta. Puedo progresar en mi meta de erradicar la malaria, y puedo progresar en mi meta de erradicar una raza. El progreso no es ni bueno ni malo, depende de la meta a la que se dirija.
Por eso, exaltar el cambio, el cambio por el cambio, es absurdo. Hay que examinar la meta, no el hecho de cambiar. El ser humano nace, crece, se desarrolla y muere. Está en continuo cambio, y el cambio le conduce a la muerte.
Si la meta es acabar con el analfabetismo, se progresará en la medida en que el analfabetismo se reduzca y aun se elimine. Si la meta es que todos los jóvenes obtengan un título universitario, se progresará en la medida en que se cumpla ese objetivo. Ahora bien, si muchos titulados no encuentran trabajo porque no hay empleo para tantos titulados, ¿es un progreso establecer la meta de que todos se gradúen?
La innovación no es buena por ser innovación, sino por ser buena.
Saber idiomas es positivo, pero saber idiomas es instrumental. Lo importante no es que se sea capaz de hablar varios idiomas, sino de que se sea capaz de construir un discurso coherente e interesante en varios idiomas. Se puede ser un tonto en cinco idiomas.
Hay algo más importante que saber idiomas y es saber hablar bien el propio idioma, y saber leer, que no es decodificar signos, sino entender lo que se lee. Saber quiénes somos, de dónde venimos y adónde queremos ir (no solo adónde nos llevan la vida y los poderes fácticos). Para saber quiénes somos y de dónde venimos necesitamos saber historia, literatura, arte, filosofía. Saber es saborear, saber es asimilar. Saber no es ser un saltimbanqui de google, un diletante digital. Para saber hace falta leer palabras abstractas y no solo divertirse entre imágenes.
Para los renacentistas el progreso era el regreso a los clásicos. El progreso depende de la meta, no del cambio ni del futuro. Es más inteligente inspirarse en lo que ya ha sido que en lo que está por venir y por tanto no es.
La fe en el futuro es un sustitutivo de la fe en la vida eterna. Pero como el futuro no existe, la fe en el futuro es fe en la nada.