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jueves, 2 de febrero de 2017

Con cierta perspectiva, entonces, podría decirse que Harun Farocki
comparte con Adorno y Horkheimer esa pregunta fundamental
que intenta rastrear, tal como lo plantean las primeras páginas de
Dialéctica de la Ilustración, "la autodestrucción de la Ilustración"
en "el poder que controla la técnica"." ¿Por qué "la tierra enteramente
ilustrada resplandece bajo el signo de una triunfal calamidad"?"
¿Por qué ese "saber, que es poder, no conoce límites, ni en
la esclavización de las criaturas ni en la condescendencia para con
los señores del mundo"?24 Estas son preguntas recurrentes en la
obra de muchos pensadores, entre ellos Aby Warburg y Sigmund
Freud, Walter Benjamin y Siegfried Gideon, Hannah Arendt y
Günther Anders pero, también, Gilles Deleuze o Michel Foucault,
Guy Debord o Giorgio Agamben, Friedrich Kittler o Vilém Flusser,
Jean Baudrillard o Paul Virilio. Son preguntas comunes, solo que
Farocki las ataca desde el punto de vista privilegiado de la observación
específica e intensiva: todos estos fenómenos de autodestrucción
implican, hoy —ciertamente hoy tanto como ayer, pero
así y rodo también hoy más que nunca—, un cierto trabajo sobre
las imágenes.

...

Como Aby Warburg, que se pasó la vida obsesionado con la dialéctica
de lo que él llamaba los Monstra y los Astra —una dialéctica
que, según él mismo, encerraba toda la "tragedia de la cultura"—,
y Theodor Adorno, continuamente preocupado por la
dialéctica de la razón aurodestructiva, Harun Farocki formula
incansablemente la misma pregunta terrible (la misma pregunta
que, me atrevería a decir, ha estimulado mi trabajo por "siempre",
y que, en cualquier caso, es ta que me da esa sensación de una verdadera
identificación cada vez que me enfrento a los montajes de
Farocki). La pregunta es la siguiente: ¿por qué, de qué manera y
cómo es que la producción de imágenes participa de la destrucción
de los seres humanos?

Georges Didi-Huberman

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